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Enrique Martínez y Morales
Enrique Martínez y Morales
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Enrique Martínez y Morales Presidente del Colegio de Economistas de Coahuila, A.C. e-mail: [email protected] Twitter: @enriquemym

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22 Septiembre 2020 04:00:00
Vivamos la magia
El Covid-19 trae al mundo de cabeza y a las economías de todos los países pasando las de Caín. Cierto que no todas las industrias han sufrido por igual, como la de la salud o del comercio electrónico, pero la mayoría ha sufrido importantes descalabros. Una de las industrias más afectadas es, y seguirá siendo cuando menos en el mediano plazo, la del turismo.

No solo la gente será reticente a subir a un avión o a viajar a ciudades con alta concentración poblacional, sino también los propios gobiernos estarán limitando la movilidad de los turistas, como actualmente lo hace Estados Unidos con México. Sin embargo, esto abre una gran oportunidad para apuntalar el turismo local. Ese que se realiza por tierra, a destinos cercanos y seguros, donde prevalece el turismo ecológico, de aventura y cultural.

Los pueblos mágicos son una gran alternativa. Son comunidades pequeñas, con la infraestructura turística adecuada, que cuentan con atractivos naturales, sociales, culturales o históricos. Conocerlos, es la mejor forma de conocer México y a nosotros mismos.

Coahuila y Nuevo León, estados hermanos, cuentan con 7 y 3 pueblos mágicos, respectivamente. En el primero, conocer las pozas y las dunas de yeso de Cuatro Ciénegas nos remonta millones de años atrás: una visita indispensable para conocer los orígenes de la humanidad. En Parras de la Fuente se encuentra la casa vitivinícola más antigua del continente, así como los viñedos donde se producen los mejores vinos de México, reconocidos internacionalmente.

En Múzquiz radican dos importantes etnias del norte del país: los indios Kikapú y los negros mascogos. Ahí también se encuentra, dentro del Museo de la Ganadería, el récord Guinness de la silla de montar más grande del mundo, la casa-museo de Julio Galán, los museos de Paleontología y de Historia, así como los atractivos de ecoturismo propios de la Sierra de Múzquiz, del río Sabinas y del parque La Cascada. En Arteaga, la gente es anfitriona y su sierra está llena de sorpresas y complejos turísticos de talla internacional. Nada como pasar un fin de semana en una cabaña rodeada de pinos.

En Viesca se puede disfrutar de las Dunas de Bilbao, con un escenario parecido al desierto del Sahara, así como el Museo de Arte Sacro y la parroquia de Santiago Apóstol. En Candela, además de la belleza de la plaza principal, existen los atractivos naturales de la Mina de Murciélagos, Las Lajitas y la Presa de las Higueras, con sus cristalinas aguas termales. En Guerrero, visitar su Centro Histórico y su misión de San Bernardo nos retorna al pasado, es un refrendo a nuestra identidad norteña.

En Nuevo León, en el corazón de zona citrícola, se encuentra Linares, famoso por ser el origen de las deliciosas glorias, por su botica Morelos, su acueducto colonial, su exHacienda de Guadalupe y su Catedral de San Felipe Apóstol. En Bustamante se puede comer un sabroso pan mientras se visitan las fantásticas Grutas del Palmito, las pinturas rupestres Chiquihuitillos o la parroquia de San Miguel Arcángel. La arquitectura del Centro de Santiago es hermosa, pero su parque Cola de Caballo, su cascada Chipitín, la cueva de los Murciélagos, Matacanes e Hidrofobia ofrecen una experiencia única.

Es tiempo de voltear a ver las maravillas de casa. ¡Aprovechémoslas y vivamos su magia!
15 Septiembre 2020 03:46:00
Mercados y democracia
Es cierto que la economía de mercado tiene muchos inconvenientes: puede dar origen a monopolios, externalidades y una desigual distribución del ingreso. Sin embargo, es el mecanismo menos malo que existe para administrar los bienes privados. La historia ha puesto a prueba las diversas posibilidades de sistemas económicos, desde el feudalismo hasta el comunismo, y los ha ido descartando, uno a uno, con el paso del tiempo, hasta quedarse con el de competencia, que es el que prevalece en la mayor parte de las naciones.

Y funciona porque genera los incentivos correctos. Las empresas no producen lo que se les antoja, sino que tienen que escuchar a sus consumidores. Los negocios tienen que brindar los servicios con la calidad y eficiencia que el cliente demanda, o estos voltearán y se irán con la competencia. El sistema funciona porque los clientes tienen lo que las empresas quieren: dinero.

También es cierto que los sistemas democráticos no son perfectos: pueden derivar en populismos o demagogias. Sin embargo, es el mecanismo menos malo que existe para administrar los bienes públicos. La historia es pródiga en ejemplos de sistemas políticos que han fracasado, desde monarquías hasta dictaduras, las que han ido desapareciendo con los años, hasta consolidarse en democracias, o alguna de sus variantes, que son las que prevalecen como forma de gobierno en la mayor parte del mundo.

Y funciona porque también genera los incentivos correctos. Los gobiernos no toman decisiones de política pública de forma unilateral, sino que escuchan a sus gobernados. Los gobiernos tienen que ejercer su función de manera eficiente y transparente, o los electores se voltearán y votarán por otras opciones políticas. El sistema funciona porque los ciudadanos tienen algo que los políticos quieren: el voto.

En abono a la defensa de esos sistemas, imperfectos pero deseables, Winston Churchill acuñó dos frases que no tienen desperdicio: “La democracia es el peor sistema político… exceptuando todos los demás” y “El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de la riqueza; la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria”.

En momentos económicos y políticos difíciles, como por los que atraviesa actualmente la humanidad, tendemos a buscar alternativas disruptivas, cambios pronunciados que modifiquen radicalmente el estado actual de las cosas. La desesperación hace que olvidemos el pasado y no consideremos que se puede estar peor.

Tanto los sistemas democráticos como los de libre competencia se ven acechados por ideologías oportunistas y radicales que no desaprovechan la situación de vulnerabilidad de cientos de millones de personas en todo el planeta.

No hay sistemas perfectos, todos son perfectibles. A la humanidad le ha costado siglos de hambre, sangre y miseria encontrar los menos malos. Aprendamos de la historia y mejor mejoremos los que ya tenemos, generando los mecanismos que eviten la concentración de la riqueza y limiten el poder. No olvidemos que la reversa también es cambio.

08 Septiembre 2020 04:00:00
Burbujas peligrosas
Las burbujas son globos de aire compuestos por fluidos que encuentran en esta forma su configuración más eficiente. Son hermosas y son ligeras, tanto, que el calor por inducción procedente del suelo y el viento hacen que venzan la gravedad y se eleven hasta que, debido a su gran fragilidad y fuerzas ajenas, se revienten.

De estas formas deriva el nombre de los fenómenos financieros muy perjudiciales para las economías: las burbujas especulativas. Como las primeras, son atractivas, se elevan por factores externos y terminan explotando en algún momento. Son tan dañinas para todos, que debemos estar atentos a su formación para evitar caer en ellas.

El primer registro que se tiene de una burbuja especulativa fue a principios del siglo 17. Un embajador de Austria en Turquía llevó de regalo a la Casa Real unas bellas y exóticas flores desconocidas en Europa: los tulipanes. De los jardines reales austriacos llegaron a Holanda, donde encontraron tierra y clima propicios para cultivarse. A pesar de florecer unas cuantas semanas al año, comenzaron a convertirse en un bien muy codiciado por la sociedad.

Cada año un color de tulipán se ponía de moda. Así que hubo especuladores que, con tiempo, adquirían los bulbos del color que creían sería el de mayor demanda. Al ver las ganancias que este negocio traía, cada vez más gente comenzó a hacer lo mismo hasta que el 5 de febrero de 1637, cuando el bulbo de tulipán llegó a venderse en el equivalente actual de 275 mil dólares, tronó la burbuja. Ya todos tenían bulbos y nadie quería más. La gente entró en pánico. Se comenzaron a tratar de vender cada vez a precios más bajos hasta que, en pocas horas, valían lo mismo que una col de Bruselas.

En 1929 se reventó otra burbuja especulativa, pero esta vez con acciones en la Bolsa de Valores de Nueva York, que trajo como consecuencia la crisis mundial más profunda del siglo pasado. Décadas más tarde, en la de los 90, el apetito por invertir en empresas de internet creó la “burbuja de los puntocom”, que también estalló escandalosamente.

A principios de este siglo se creía que el precio de la vivienda no podría bajar nunca, por lo que personas de todo el mundo, principalmente de Estados Unidos, comenzaron a adquirir casas cada vez más caras, como estrategia patrimonial, y los bancos a prestar a sujetos sin capacidad crediticia. Total, si no pagaban, se quedarían con los inmuebles, activos de gran valor. La burbuja reventó, los precios se fueron al suelo y todos padecimos la crisis “subprime”.

Todos los casos de especulación masiva tienen las mismas características: hay un activo financiero que comienza a aumentar su precio por razones sicológicas o de percepción, sin un sustento real o razonable.

En momentos de tormenta económica, como la que padece el mundo, es cuando las burbujas son más vulnerables y tienden a reventarse con mayor facilidad. Así que estemos muy atentos y no vayamos a caer en una de ellas. Es momento de cuidar nuestro patrimonio.
01 Septiembre 2020 04:00:00
La falacia de los deseos
Lo paradójico es que el coche se diseñó con base en un profundo y completo estudio de mercado, tomando en cuenta todas las valoraciones, las preferencias y los gustos de los usuarios. Las agencias publicitarias habían generado un “halo de divinidad” en torno a la marca y se llegó a decir que era el vehículo que salvaría a América del comunismo. Era tan alta la expectativa por ese lanzamiento que el equipo de mercadotecnia hasta en su nombre buscaba homenajear a Edsel Ford, padre de Henry Ford II, presidente de la empresa en ese momento y nieto de su fundador.

¿Qué fue lo que pasó? Una de tres. O los estudios de mercado estuvieron mal planteados, la gente no sabía qué era lo que quería o, al pretender dar gusto a todos, en el agregado el resultado fue un desastre. Yo creo que es un poco de cada una. Veamos.

Los estudios de mercado se basan en encuestas, las cuales siempre tendrán sesgos y márgenes de error. Son muchas las variables que juegan en una entrevista: el lugar, la hora, el estado de ánimo del entrevistado, la circunstancia. La forma de redactar las preguntas, las opciones, el orden, todo influye. Y finalmente, la forma de trabajar con las bases de datos y la información generada pueden alterar los resultados.

Suponiendo que las metodologías fueran impecables, queda por conocerse la calidad de la información recabada. Muchas personas transmiten sus sueños, sus esperanzas, sus anhelos. Pero cuando se plasman en un proyecto real y sus costos se reflejan en su precio, quienes lo deseaban con tanta añoranza simplemente se dan cuenta de la falacia de sus deseos y voltean hacia otro lado.

Aunque la ciencia y tecnología han permitido la coincidencia de virtudes en un solo producto, la norma sigue siendo la exclusión. No se puede tener todo, y menos en un vehículo. Si la clientela quiere un prototipo más veloz, será en detrimento de los espacios interiores; si lo que desea es ahorro en los costos de operación, se conseguirá con un motor más pequeño y menos potente; si pretende más asientos, será en contra de la estética y aerodinámica. Cuando se trata de conjuntar todo, el resultado generalmente es un adefesio que a nadie convence. Por querer quedar bien con todos, no se queda bien con nadie.

Un par de años después, la marca tuvo que ser retirada del mercado, habiendo vendido solamente la ridícula cantidad de 2 mil 500 unidades. Los vehículos no solo eran feos, sino malos. Emitían grandes cantidades de humo, eran muy pesados, gastaban mucho combustible, eran muy ruidosos y se descomponían con alta frecuencia.

Grandes enseñanzas quedan para la posteridad con este monumental descalabro. La industria automotriz lo utiliza como referencia cada vez que preparan un nuevo lanzamiento. En nuestras vidas sirve para recordarnos que no siempre podemos tener todo lo que queremos y a tener mucho cuidado con nuestros deseos, porque se pueden volver realidad.
25 Agosto 2020 04:06:00
Así o más fregones
Las elecciones para renovar al inquilino de la Casa Blanca están ya a la vuelta de la esquina. La política económica de Trump no ha dado resultado y la pandemia solo le vino a poner el panorama más oscuro. Cada día que pasa su reelección se ve más complicada y menos probable.

Trump, al igual que otros presidentes republicanos, le apostó a la estrategia económica “del lado de la oferta”. Es decir, estableció reducciones de impuestos muy extensas para grandes empresas, junto con un recorte sustancial al gasto social, principalmente a los programas de salud. La idea era adelgazar el Gobierno y dinamizar la economía. El resultado ha sido malo, por decir lo menos.

El país está más endeudado que nunca, la desigualdad ha crecido, la polarización social está en sus máximos y la esperanza de vida sigue reduciéndose. La desregulación ambiental y financiera hacia el interior, así como la regulación al comercio internacional, completan los Trumponomics, término acuñado por el nobel Joseph Stiglitz.

Al todavía presidente norteamericano ya se le agotó el discurso de culpar a los inmigrantes y a los tratados internacionales. Su popularidad sigue cayendo en picada. Por eso ya retomó, y en el futuro inmediato lo hará con mayor frecuencia e intensidad, sus ataques contra sus villanos favoritos: México y los mexicanos.

No importa que el Presidente de México haya estado hace unas semanas en su casa estrechando su mano. No importa que seamos su principal socio comercial y que acabemos de firmar un nuevo tratado. Menos importa que nuestro país haya asumido los costos políticos y económicos para detener a sus inmigrantes centroamericanos en la frontera sur. Nada importa. Para él, México es su traspatio que utiliza para sus beneficios personales.

Después de dormir durante muchos meses el sueño de los justos, el tema del muro volvió a despertar. Solo construyó unas pocas millas, algo así como el 5%, con tan mala suerte que los vientos del desierto le tumbaron una parte y alguien estuvo ahí para grabarlo. Ahora vuelve a amenazar con la misma cantaleta con la que hace cuatro años ganó la elección: que los mexicanos pagarán ese muro.

En aquella ocasión dijo que exigiría al Gobierno mexicano el pago íntegro, después que lo cobraría en la emisión de visas. Nada de eso ocurrió. Ahora dice que lo hará mediante una cuota de peaje a los vehículos que crucen la frontera, lo cual tampoco ocurrirá. Si el cobro se hará solo a mexicanos, será una medida de difícil ejecución, además de que quienes realizan cruces frecuentes cuentan con la doble nacionalidad. Además, sería devastador para el comercio de sus ciudades del sur, ya de por sí en terapia intensiva. ¿Y los que viajan en avión no pagan?

No tengo duda de que el tema ya no le será tan rentable políticamente en esta campaña. Es un cartucho que ya quemó. Sin embargo, lo que debemos entender es que México y los mexicanos estamos jugando en la elección presidencial de la principal potencia del mundo. Nos están dando un valor que, a veces, ni nosotros mismos nos damos. ¿Así o más fregones?

18 Agosto 2020 04:00:00
Lo que extrañamos
La pandemia nos ha cambiado la vida a todos. El mundo ya no será el mismo. A nuestros hijos les tocará vivir la vida de una forma diferente y a nosotros, adaptarnos a ella. Se habla de una nueva normalidad, a la que eventualmente llegaremos. Y nos acostumbraremos y seguiremos adelante. Pero de momento es inevitable que extrañemos cosas de la vieja normalidad.

Extraño el beso de mis padres. Me tengo que conformar con verlos y platicar a la distancia. Y cuando nos despedimos, la ausencia de su abrazo me deja con un sentimiento de indefensión y de tristeza.

Extraño reunirme con mis amigos para ver un partido de futbol, para preparar una carne asada o simplemente disfrutar el momento. Extraño las veladas de parejas y los planes los fines de semana. Extraño ir al cine y comer palomitas, así como disfrutar una cena en algún restaurante. Extraño ver las sonrisas que, aunque sé que existen, ahora las tapa un cubrebocas.

Extraño llevar a mis hijos a la escuela, a las piñatas de sus compañeros, a sus juegos de basquetbol o a sus bailables, así como las reuniones con los papás del grupo. Extraño visitar a los enfermos en el hospital y acompañar a mis amigos cuando tienen que despedir a un ser querido.

Extraño subirme al avión, viajar a la Ciudad de México a reuniones de trabajo. Ahora lo hacemos por Zoom, lo mismo que mis clases del Ipade. Extraño la amena plática con algún personaje interesante delante de una taza de café y las fructíferas comidas de negocios.

Extraño la labor social presencial, atender las invitaciones a visitar las colonias y escuchar a la gente. Ahora lo hago por redes sociales, aunque nada sustituye ver a las personas a los ojos y ofrecer, cuando menos, una palmada en la espalda.

Son muchas cosas las que extrañamos, y quizá algunas de ellas no volverán, o cuando menos de la misma forma. Pero, en cambio, han llegado otras, aunque a veces no nos demos cuenta.

La pandemia me ha permitido consolidar los lazos familiares. El trabajo en casa y la falta de escuelas me ha concedido dedicar más tiempo a mis hijos. Pude, por ejemplo, ser testigo de la primera vez que mi hija metió una canasta o que mi hijo anduvo en la bicicleta sin caerse.

Hemos dedicado más tiempo a convivir con la naturaleza, a salir a caminar, a ver programas educativos, a leer. Hemos fortalecido la vida en pareja. Hemos retomado proyectos que estaban en el tintero, desde pintar la casa hasta iniciar un negocio. Este paro en seco al ritmo acelerado con el que giraba el mundo nos ha hecho reflexionar y reasignar prioridades.

Se vale extrañar. Lo que no se vale es no valorar lo que tenemos, comenzando por la vida.

11 Agosto 2020 04:00:00
El Caballero de la Noche
La mayoría de los superhéroes que conocemos desde nuestra niñez tienen en común el luchar permanente contra el mal. Lo hacen manteniendo la secrecía de su identidad ya que actúan al margen de la ley. Quizá el caso más emblemático sea el de Bruno Díaz, quien de pequeño presenció el asesinato de sus padres a manos de bandidos. Desde entonces, el niño huérfano se preparó físicamente, destinó la fortuna que heredó para tomar la justicia por cuenta propia y se convirtió en Batman, el Caballero de la Noche.

Es probable que por la influencia de esos personajes ficticios en nuestros años mozos no nos preocupen, y a veces hasta sean motivo de celebración, las noticias sobre linchamientos públicos a supuestos maleantes. Ya sea en la plaza de alguna comunidad rural, en una avenida congestionada de una gran ciudad o dentro de una combi del transporte público capitalino, cada vez son más comunes las imágenes de violencia comunitaria sobre delincuentes señalados.

El pueblo se erige en Ministerio Público, juez y jurado. Sin derecho a una defensa, el acusado es golpeado, vejado y, a veces, ejecutado por la turba. En ocasiones es captado en flagrancia por muchos; en otras, el solo dedo flamígero de uno es razón suficiente para caerle a palos. Pero ¿han sido todos los señalamientos de ese tipo libres de error o de dolo? Lo dudo mucho. De hecho, una de las razones para abrogar la pena de muerte de nuestro sistema judicial fue precisamente las imperfecciones y fallas de este.

Claro, hay una línea muy marcada entre ajusticiar por venganza a un presunto agresor y actuar en legítima defensa de nuestra familia y nuestro patrimonio. Ahí sí, la vida de nuestros hijos y seres queridos está por encima de todo.

En ambos extremos en el espectro ideológico, tanto en el sistema absolutista defendido por Hobbes, que legitima las monarquías, como en el republicano referido por Rousseau para dar vida a las repúblicas, tanto los súbditos como los ciudadanos ceden muchos de sus derechos y libertades, salvo el de la vida, a condición de que el Estado vele por su seguridad.

El tema no es nuevo. Ya lo narraba Lope de Vega en su popular obra teatral Comedia Famosa de Fuente Ovejuna escrita hace más de 400 años, tomada de una historia real sucedida en el pueblo español de ese nombre un siglo y medio atrás, en tiempos de los Reyes Católicos. Los habitantes del municipio entraron a casa del Comendador y le dieron muerte a pedradas por supuestos agravios en su contra. Cuando los jueces fueron enviados para interrogar a los testigos y encontrar a los culpables, atormentando incluso algunos de ellos, solo obtuvieron por respuesta de todos “Fuente Ovejuna lo hizo”.

Durante muchos años la muchedumbre, protegida por el anonimato de la masa, se salía con la suya como lo hicieron los habitantes de Fuente Ovejuna. Ahora es diferente. Las cámaras ubicadas en todos lados, incluidos nuestros teléfonos, anulan la clandestinidad.

Max Weber definió al Estado, hace más de un siglo, como el ente que posee el monopolio legítimo de la violencia. Si queremos vivir en orden y armonía, nadie más puede ejercer esa función reservada exclusivamente para la autoridad: ni los delincuentes, ni las autodefensas, ni el pueblo, ni los superhéroes… ni siquiera el Caballero de la Noche.
04 Agosto 2020 04:00:00
La fábula del ratón
Cuenta una popular fábula que un ratón vivía felizmente en una granja hasta que vio al granjero recibir un paquete. Al percatarse que el envío era una ratonera, muy preocupado fue a solicitar auxilio a la gallina, al cordero y a la vaca, sus compañeros de granero.

“¿Una ratonera?”, preguntó la gallina. “Ese no es problema mío”. “No puedo hacer nada más que orar por ti”, le dijo con desdén el cordero. “¿Y estoy yo en peligro?”, cuestionó despreocupada la vaca. “Obvio es que no, así que Dios te bendiga”.

El ratón, triste y decepcionado, volvió a su guarida. Grande fue su sorpresa cuando se dio cuenta que una serpiente venenosa fue la que cayó primero en la trampa. Al escuchar la alharaca, la esposa del granjero fue a ver lo que sucedía y fue mordida por la víbora. La mujer se puso muy grave por el veneno del ofidio y la gallina tuvo que ser sacrificada para prepararle un caldo que la reconfortara. Las visitas no se hicieron esperar, hubo que alimentarlas y el cordero corrió con la misma suerte. A los pocos días la mujer falleció, por lo que el granjero tuvo que vender la vaca al rastro para cubrir los gastos funerarios.

Nunca, como ahora, esta aleccionadora fábula cobra pertinencia. Todos, sin excepción, nos hemos visto afectados por las crisis sanitaria y económica que se han instalado en nuestro país, como en el resto del mundo. Algunos han perdido su empleo, otros a un ser querido. Pero todos hemos visto mermadas nuestras libertades y alteradas nuestras formas de vida.

Son realmente graves las cifras oficiales referentes a los contagios y a la contracción económica. Las crisis no se resuelven por arte de magia, ni de un día para otro. Se va a requerir un gran esfuerzo y sacrificio de todos para salir adelante. En el ínter, habrá muchas personas sufriendo: viudas desamparadas, padres desesperados, jóvenes desempleados.

Es momento de ser empáticos con ellos. Quienes hayamos sido menos afectados por la contingencia tenemos el deber moral de apoyar a los demás. Hay mil formas de hacerlo y no se requiere participar en una asociación de beneficencia. Se puede hacer desde casa, recorriendo las colonias afectadas, las comunidades rurales. Tampoco se requieren grandes inversiones de dinero; a veces, los gestos de solidaridad que generan esperanza son los más valiosos.

La cadena de contagio no se romperá hasta que todos seamos responsables, pensemos en los demás y cumplamos con los protocolos de contención. El malestar social solo se paliará con la participación altruista y solidaria de todos. Recordemos que el desempleo produce pobreza, la que a su vez genera inseguridad.

Nadie puede decir “ese no es mi problema”. De aquí en adelante lo que le suceda a cualquier miembro de nuestra comunidad es problema de todos. Si no lo entendemos así, estaremos alimentando a la serpiente que vendrá a acabar con la vida de todos los habitantes de esta granja, nuestra granja.
21 Julio 2020 03:48:00
¿Estrellas solitarias?
Hasta principios de este año, una de las actividades que menos había cambiado con el paso de tiempo era la educación. Poco se habían modificado las técnicas de enseñanza desde que hace miles de años Aristóteles impartía cátedra en el Liceo ateniense a decenas de estudiantes congregados a su alrededor.

Con el correr del siglo, tres fuerzas importantes comenzaron a moldear un nuevo modelo educativo, como lo observó el semanario británico The Economist hace algunos años: los costos crecientes, los cambios en la demanda y la tecnología disruptiva; y concluyó su publicación con una sentencia lapidaria sobre la educación: renovarse o morir.

La competencia, la globalización y las mejores técnicas de producción han reducido los precios de muchos bienes y servicios, excepto el de la educación. Las universidades buscan maestros altamente preparados y con experiencia, lo cual no es sencillo de encontrar y, por lo tanto, cuesta mucho dinero. Los alumnos son cada vez más reacios a memorizar fórmulas, datos e información que, literalmente, tienen al alcance de su mano en un dispositivo móvil.

Hasta la llegada del Covid-19 los cambios educativos habían sido graduales: plataformas digitales para seguimiento escolar, asesorías virtuales, algunos diplomados a distancia, pocas maestrías en línea. La verdadera revolución será a partir de este año, forzados más por la necesidad que por la convicción.

Por un lado, estos cambios ayudan a democratizar la educación. Al incrementar la cantidad de alumnos por clase se abaten los costos fijos; al transmitir las sesiones virtuales, se lleva el conocimiento a lugares de difícil acceso.

Pero, por el otro, no se ha probado la efectividad didáctica de este formato de estudio. En su Ética de Urgencia, saga tardía del éxito literario Ética para Amador, Fernando Savater expresa su principal preocupación sobre el empleo de los avances tecnológicos e internet en la educación: no dejar morir el espíritu investigativo del alumno. A mi lo que más me preocupa son las tendencias individualistas que se puedan generar.

Parte importante del aprendizaje en el aula es la convivencia con los compañeros de clase, aprendiendo de sus experiencias de vida. Pero, sobre todo, el desarrollo de un valor y una habilidad muy preciada: el trabajo en equipo.

Este mundo ya no es de estrellas solitarias ni caudillos ermitaños. El individualismo promueve el egoísmo y los liderazgos no provienen del ostracismo. Si de por sí nuestro país ya adolece de esto. Como ejemplo, solo hay que revisar los resultados olímpicos y observaremos que nos va mejor en las disciplinas individuales.

El éxito se conquista haciendo equipo, y los equipos son consecuencia de la convivencia e identificación de intereses y valores en común. Adaptémonos a los cambios educativos necesarios, pero, por favor, no olvidemos promover el trabajo en equipo de nuestros jóvenes.


14 Julio 2020 04:06:00
Cien años
Un 15 de julio, pero de 1920, nació en el pequeño municipio de General Zuazua, Nuevo León, de padres campesinos, mi abuelo, don Enrique Martínez y Martínez. La economía mundial estaba destruida como resultado de la recién concluida Primera Guerra Mundial. En México, la situación no estaba mejor. Todavía no se enfriaban los cañones de la Revolución y la violencia política era el pan de cada día.

El entorno social de grandes carencias lo obligó a abandonar sus estudios desde muy pequeño para, en aras de subsistir, comenzar a trabajar y apoyar la precaria economía familiar. A partir de ese momento no volvería a pisar un aula, pero eso no significa que haya dejado de estudiar.

Así fue creciendo y madurando. Entre el trabajo, la necesidad y el ánimo de salir adelante fue aprendiendo oficios con actitud positiva y abrevando la sabiduría de la vida. Llegó a ser chofer de autobuses urbanos en la ciudad de Monterrey y después fue empleado de una agencia funeraria. En este último trabajo fue donde descubrió su verdadera pasión: el servicio a la gente.

Fue escalando posiciones, conociendo los procesos, ideando innovaciones y concretando mejoras sustanciales. Después de instalar con éxito la sucursal funeraria en la capital tamaulipeca, la empresa lo envió a hacer lo mismo a Saltillo, ciudad de la que se enamoró tan solo poner el primer pie en ella. Se independizó y con grandes sacrificios emprendió su primer negocio.

Su atención personalizada, su calidez en el trato, su trabajo incansable y su conocimiento del ramo rindieron sus frutos y su negocio comenzó a prosperar. Después de años de gran esfuerzo empezó a construir un patrimonio y a incursionar en otras industrias que, con su gran visión empresarial, veía como áreas de oportunidad: la inmobiliaria, la automotriz y la ganadera, algunas de ellas.

Nunca se olvidó de sus orígenes ni de su gente. De las cosas que más disfrutaba, era pasar días completos en el rancho, atendiendo personalmente a su ganado, rememorando así su infancia en los campos agrestes. También instaló un taller de uniformes en Zuazua, más con el objetivo de llevar empleo digno a las mujeres de su ciudad natal que por obtener una ganancia.

Don Enrique siempre se guió por los valores de la honestidad, el trabajo y la responsabilidad. Trataba a todos por igual, sin distingo alguno. Provisto de una inteligencia y una sensibilidad excepcionales, no obstante ser una persona autodidacta, logró triunfar en el ámbito empresarial, llegando incluso a presidir los consejos de diferentes instituciones bancarias.

No hay camino fácil pero tampoco imposibles. Las adversidades no son más que oportunidades listas para, con dedicación e ingenio, ser aprovechadas. Hoy, a 100 años de su natalicio, sus hijos, nietos y bisnietos lo recordamos con gran cariño, orgullo y gratitud, por el legado y el ejemplo de vida que a todos nos dejó.
07 Julio 2020 04:00:00
Tasas en juego
Hace poco, Banco de México volvió a bajar, por quinta vez consecutiva en lo que va del año, su tasa de referencia. ¿Qué implicaciones tiene esto sobre nuestra economía?

La tasa de referencia es precisamente eso, una referencia para el sistema financiero. Es el interés al que el banco central le presta a la banca comercial y uno de los instrumentos con los que cuenta para ejercer su autoridad monetaria.

El banco central reduce las tasas con el propósito de apuntalar la economía. Pedir prestado se vuelve ahora más barato, así que los emprendedores se animan a hacerlo y ponen en marcha sus proyectos. Al mismo tiempo, los ahorradores ya no tienen los mismos márgenes financieros, buscan otras alternativas como destino de sus inversiones y, muchas veces, invierten en proyectos que generan empleo, riqueza y crecimiento económico. Incluso, proyectos que no se ejecutaban por ofrecer rendimientos moderados, ahora se tornan atractivos.

Con menores tasas de interés la economía se comienza a movilizar. El dinero sale de las cuentas de ahorro y se dirige a fines productivos. Pero, si la reducción en el tipo de interés es tan benéfica para la economía, ¿Por qué Banco de México no lo baja aún más? Bueno. No tan rápido.

Como señalé, una baja en la tasa de interés motiva la salida del dinero de las cuentas bancarias, pero si no hay confianza suficiente o condiciones de certeza jurídica dentro del país, esos capitales buscarán otros lugares como destino. La moneda se depreciaría súbitamente, trayendo como consecuencias inflación y profundización de la recesión.

El dinero barato generaría más consumo vía crédito que, de no estar respaldado por una oferta creciente dado que los recursos para la inversión directa se fueron del país, puede derivar también en inflación.

Y la inflación es un horrible fantasma que vive en nuestro subconsciente. Arrasa con el poder adquisitivo de la moneda y de las familias. Genera una gran inestabilidad y es combustible para las crisis. Ha sido tan dañina para nuestro país que el Banco de México tiene como único objetivo luchar contra ella, a diferencia de la mayoría de los bancos centrales del mundo que incluyen otras variables importantes como empleo y crecimiento económico.

Una inflación controlada no es necesariamente mala. Es el residual necesario de una economía que crece, el ajuste natural de una sana demanda que aumenta constantemente y una oferta sensible que reacciona a ello.

Es tiempo de que nuestro banco central modifique sus objetivos. Es importante mantener un control inflacionario, pero también lo es crecer y crear empleos. Mientras esto siga así, la política de tasa de interés seguirá siendo muy conservadora, actuando como una camisa de fuerza al crecimiento de nuestra economía.

Una reducción mayor en la tasa de interés junto con una estrategia para fomentar la confianza de los inversionistas son requisitos indispensables para disparar el crecimiento de nuestra economía. Eso, claro, y la decisión de todos de jugárnosla con México.




30 Junio 2020 03:30:00
Las vivencias de mi bisabuelo
La recesión mundial se agudiza y aún no toca fondo. Los pronósticos de los organismos internacionales sobre el crecimiento en la producción para este año son desastrosos para casi todos los países. Algunos, como el nuestro, perfilan un retroceso económico de dos dígitos. Además de los informes diarios sobre la crisis sanitaria, seguido recibimos noticias de otros fenómenos atípicos no menos preocupantes: potentes terremotos, polvos africanos, aparición de peligrosos bichos raros, entre otros.

Sin duda, el 2020 pasará a la historia como un parteaguas que cambió profundamente a nuestras sociedades. ¿Realmente somos una generación especial por ser parte de ello?

Tuve la fortuna de contar con un bisabuelo longevo, padre de mi abuelo paterno. Don Eleuterio nació casi al inicio del siglo pasado, en 1899. Falleció a los 92, cuando yo tenía 15. Aunque de origen campesino, no era ajeno a lo que pasaba en el resto del mundo.

Cuando mi bisabuelo tenía apenas 11 años, vivió en carne propia la brutalidad de la Revolución Mexicana, esa lucha fratricida que acabó con la vida de 2 millones de mexicanos.

Cuando tenía 15 y México seguía desangrándose en luchas intestinas, le tocó vivir el inicio de la Primera Guerra Mundial, que terminó cuando él tenía 19, con un saldo final de 20 millones de muertos. Justo ese año, en 1918, apareció la Gripe Española, que mató a más de 50 millones de personas.

Todavía no cumplía los 30 cuando se precipitó al vacío la Bolsa de Nueva York, lo que generó una crisis sin precedentes, causando inflación, desempleo y profunda pobreza en todo el mundo.

Logró sobrevivir a ella, pero una década después dio inicio la Segunda Guerra Mundial, con todos los horrores que trajo consigo. Terminó cuando mi bisabuelo tenía 47 años, dejando más de 60 millones de cadáveres, entre trincheras y campos de exterminio.

A partir de ahí, le tocó vivir las tensiones de una Guerra Fría que tuvo al mundo al borde de la destrucción masiva. Hasta que, por fin, con 90 años cumplidos, pudo ser testigo de la caída del Muro de Berlín. En este contexto pudo apreciar, mediante la televisión, un artefacto que también se desarrolló durante su vida, el momento que un ruso abandonara la atmósfera terrestre y un año después, en 1969, un norteamericano pisara la Luna.

En el ínter, presenció otras guerras icónicas, como la de Corea o de Vietnam; movimientos importantes como la Revolución Cubana o el del 68 en nuestro país; y magnicidios como el de Kennedy o Trotsky; sin olvidar el sismo del 85 en la Ciudad de México. Y todo ello, y muchas otras cosas más, lo vivió un ancestro que conocí.

Todas las generaciones pasamos por momentos difíciles y retadores. Eso no nos hace especiales. Lo que nos hace especiales es aprender de la adversidad, vencerla y salir fortalecidos como sociedad.
23 Junio 2020 03:59:00
Contra el virus y el vicio
“El vino puede sacar cosas que el hombre se calla. Cosas que queman por dentro, cosas que pudren el alma. De los que bajan los ojos, de los que esconden la cara. El vino entonces, libera la valentía encerrada y los disfraza de machos, como por arte de magia”. Poema de Alberto Cortez.

Muy negativas son las consecuencias que el consumo excesivo del alcohol provoca en la sociedad: van desde pleitos trágicos causados por arrebatos de valentía hasta accidentes fatales de tránsito, pasando por la generación de una amplia gama de enfermedades relacionadas con su abuso.

La crisis sanitaria causada por el Covid-19 lamentablemente ha cobrado muchas vidas, pero pocos han notado un punto a favor de la reclusión forzada: la disminución considerable en los decesos por otras causas, principalmente por accidentes a causa del alcohol.

La reapertura de restaurantes, bares, centros nocturnos y, sobre todo, la vuelta a la vida social traerá consigo nuevos riesgos y retos. Lucharemos ahora contra el virus y contra el vicio, si queremos proteger a nuestra sociedad.

Y no es que el consumo de alcohol se haya reducido, los datos oficiales lo confirman. Todos fuimos testigos de las largas filas en las tiendas de conveniencia para comprar cerveza una vez que se reactivó el abasto. Con esto podemos inferir que lo que mata no es el alcohol, sino consumirlo con exceso fuera de casa.

A los gobiernos de todos los niveles les tocará seguir implementando políticas públicas para reducir su consumo, buscando generar incentivos para controlar lo mismo su oferta que su demanda. Es, pues, un asunto compartido. Lo mismo de salud pública que de seguridad. Un tema para abordarse de manera transversal y coordinada.

La estrategia de desalentar el consumo de alcohol incrementando los impuestos a su producción y consumo no ha sido efectiva. La población es muy poco sensible al cambio de precios cuando de vicios se trata.

Prohibir su venta tampoco es opción porque, como sucedió en EUA a inicios del siglo pasado, se generaría un saludable mercado negro dirigido por la delincuencia organizada.

La solución se encuentra más por el lado de fortalecer la prevención, los valores y los vínculos familiares. Entre más conscientes estemos de los riesgos que se avecinan, mejor preparados estaremos para afrontarlos. Concluyendo el poema de Cortez: “Y entonces son bravucones hasta que el vino se acaba, pues del matón al cobarde, solo media la resaca”.
16 Junio 2020 04:00:00
El poder de la creación
¿Qué tienen en común los desarrolladores de aplicaciones y programas que llegan a ganar millones de dólares, con los poetas y artistas que han muerto en una profunda indigencia? Que todos ellos, sin importar si son ricos o pobres, han vivido felices.

Bueno, decir que alguien vivió feliz es muy aventurado. Nadie es completamente feliz o infeliz. Además, medir un sentimiento relativo y abstracto siempre será complicado. Lo que realmente existe en nuestras vidas son momentos, ya sea de alegría o de tristeza. Sería más responsable decir que experimentaron gozo durante el proceso de creación, y entre más largo y más intenso este, mayor júbilo.

Y es que crear produce felicidad. Siempre que escribo alguno de mis artículos termino contento y de buen humor. No lo había notado hasta que leí el libro Deja de ser tú, de Joe Dispenza, quien narra que a él le pasa lo mismo cuando redacta sus textos o prepara sus presentaciones.

Quienes entran en este estado creativo se olvidan de sus problemas, de sus pendientes, del mundo externo. Cuando la inspiración llega el tiempo pasa rápido, la mente vuela sin ataduras y las manos se mueven como por voluntad propia. Dejamos de lado lo mundano para conectar con un estado superior. Nos alejamos de lo urgente y ordinario para acercarnos a lo importante y trascendente. Nos concentramos en el momento, en el ahora, dejando de hurgar en las tragedias del pasado y evitando lidiar con la incertidumbre del futuro.

El proceso creativo, además de abrirnos opciones a la innovación, el emprendimiento y a nuevos negocios, es una gran terapia en contra del estrés y la tristeza. Y lo más interesante de todo es que no tenemos que ser genios para inventar cosas, todos lo podemos hacer.

De hecho, la creación es lo más natural en la existencia de la humanidad. Desde la aparición de nuestro planeta hace miles de millones de años, la constante han sido los procesos evolutivos y creativos de la propia naturaleza, que han permitido la aparición de los microorganismos, de los animales y del ser humano.

Las creaciones regularmente tienen efectos en otras personas. Un poema o una canción pueden transmitir un sentimiento; un platillo o un baile pueden compartir una emoción; una fórmula o un artefacto pueden ofrecer una solución a algún problema de la humanidad.

En estos momentos de aislamiento aprovechemos el tiempo y pongámonos creativos, pensemos fuera de la caja buscando soluciones en nuestros trabajos. Eso ayudará a sentirnos mejor y por lo tanto a tener una mejor salud, y quizá, por qué no, nos traerá alguna recompensa a nuestro ingenio.
09 Junio 2020 03:21:00
La batalla de la mente
Todos los días amanecemos con noticias aterradoras que nos transmiten un escenario desalentador. Los muertos se cuentan por miles, los contagiados por decenas de miles, las empresas seriamente afectadas por cientos de miles y los desempleados por millones. Con esa pesada carga de negatividad es difícil innovar, emprender, producir, crear.

Un cuento popular relata que en un pequeño pueblo de un país lejano, una afable señora poseía una exitosa fonda que, con la ayuda de algunos empleados, atendía personalmente. Gran calidad y servicio ofrecía a sus comensales, quienes abarrotaban diariamente el local.

Una crisis sin precedentes azotó aquel país. Los negocios comenzaron a despedir trabajadores y a cerrar sus puertas. Todos tuvieron problemas, menos aquella fonda que seguía atiborrada de clientes. ¿Por qué no llegaba la crisis ahí? Porque su dueña no veía televisión, no tenía acceso a las redes sociales ni leía los periódicos y, por lo tanto, para ella la crisis no existía.

Un buen día, una amiga -de esas que llegan sin que se les llame- le preguntó cómo era posible que no hubiese tomado medidas contra la crisis, como lo hacía todo el mundo. Le mostró, además, las notas relacionadas con el tema.

Inmediatamente la mujer hizo los cambios necesarios: despidió personal y escatimó en la compra de insumos. Pronto, la calidad y el servicio comenzaron a mermar, al igual que la clientela. El negocio no tuvo más remedio que, como todos los de aquel pueblo, cerrar sus puertas.

Los seres humanos reaccionamos a estímulos y construimos nuestros paradigmas con base en nuestros sentimientos, y lo que sentimos proviene de nuestros pensamientos, y lo que pensamos tiene como fuente principal la percepción: lo que percibimos del mundo, del entorno y del medio que nos rodea.

Ahora, más que nunca, la información se ha democratizado de una forma tal que ya no es exclusiva de los medios de comunicación. Las fuentes informativas se han multiplicado y su velocidad de diseminación se ha exponenciado. Cualquier persona con un celular inteligente es un reportero y tiene acceso, a través de las redes sociales, a llegar a las grandes masas en cuestión de minutos.

Es cierto que es imposible evitar el bombardeo de información inútil e indeseada que nos ataca permanentemente. Pero lo que sí podemos hacer es vigorizar nuestra razón y fortalecer nuestro ser interior. No dejemos nuestro cerebro vulnerable a la artillería de las noticias negativas. Levantemos las defensas y demos ahí la pelea. Las batallas contra las crisis se ganan primero en la mente de cada individuo.
02 Junio 2020 03:00:00
¿Y las mujeres?
Aunque los varones muestran una mayor tasa de mortandad, que ha llegado a niveles de 72% en países como Italia, sin duda las mujeres han llevado la peor parte del confinamiento a causa del Covid-19. La violencia de género se ha incrementado 120% en México, según datos oficiales. Incluso, ya ha salido del ámbito del hogar y las agresiones femeninas también se ven en las calles, dirigidas principalmente al personal médico y de enfermería.

Las mujeres son las que mayormente están absorbiendo el estrés por la pandemia, así como la carga física y emocional, al ocupar 75% de los puestos laborales en salud y educación, de acuerdo con el Economic Policy Institute de Estados Unidos. No solo eso, también se ha incrementado la carga de trabajo para las mujeres relacionada con el cuidado y la atención a los niños y adultos mayores. Ahora las madres se han convertido en maestras, enfermeras y hasta estilistas.

Adicionalmente, al encontrarse los hospitales saturados en algunas regiones, así como por el incremento en los riesgos de contagio al acudir a esos establecimientos, las mujeres están encontrando grandes limitaciones para acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva, como los partos hospitalarios, lo cual podría incrementar la mortandad infantil y materna. Las mujeres representan una proporción importante de la economía informal, uno de los sectores más perjudicados por las medidas de aislamiento social.

Según la Organización de Estados Americanos (OEA), las lecciones de pandemias recientes han demostrado que la incorporación de las necesidades de las mujeres en el diseño de políticas es indispensable para reducir desigualdades y apuntalar el desarrollo económico.

El Banco de México demostró que un incremento de 15% en la participación de la mujer en el ámbito laboral en América Latina, entre 2000 y 2010, redujo 30% la pobreza. ¡Imaginemos el potencial!

La efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado post Covid-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica.

Las crisis son generadoras de problemas, pero también de grandes oportunidades. Es momento de cuidarlas, sí, pero también apoyarlas. Ellas son portadoras de una gran sensibilidad, capacidad de adaptación y una visión más amplia e integral de las cosas. Estoy seguro de que si toman la iniciativa serán las generadoras de grandes soluciones y múltiples proyectos que impulsarán la economía.
26 Mayo 2020 04:02:00
A nuestros defensores
Estas épocas de pandemia son tiempos de guardar, tiempos de cuidar. De cuidar a los nuestros y a nuestra salud. Cualquier precaución adicional no está de más. Aun el más pequeño de los riesgos es suficientemente grande cuando se trata de la vida de nuestros familiares.

Es momento de cuidar nuestras relaciones y amistades. Ante la imposibilidad del contacto físico, ahora es cuando más se valora un mensaje, una llamada, un detalle. También hay que cuidar el patrimonio. La desaceleración del ciclo económico nos pegará a todos, así que es buen tiempo para ahorrar, y lo que se tenga que gastar, hacerlo con prudencia, inteligencia y sentido social.

Ahora, más que nunca, debemos cuidar a nuestro sistema inmunológico. Esa compleja red de anticuerpos que lucha constantemente contra los patógenos que pretenden invadir nuestros cuerpos se ha relajado últimamente. Paradójicamente, el uso excesivo de productos antibacteriales y antivirales, así como el confinamiento en casa, han relajado el entrenamiento de nuestras defensas, haciéndonos vulnerables, según lo afirman especialistas.

Pero lo más importante que tenemos que cuidar es ese ente abstracto del que todos formamos parte, ese agregado de nosotros mismos, nuestras familias y nuestras pertenencias. Me refiero a la comunidad. Y para que la comunidad prospere debemos cuidar principalmente a nuestros defensores.

Los defensores es todo el equipo de doctores y de investigadores que da la batalla diariamente por vencer al enemigo patológico. Desde el personal médico y de enfermería que atiende a los contagiados, hasta los científicos que tratan de encontrar la cura y la vacuna.

A veces, no valoramos en su justa dimensión las acciones de nuestros defensores. En países con tradición bélica, como Estados Unidos, a los militares que estuvieron en acción se les brinda un trato diferenciado y gozan de la admiración y el respeto social. Si el soldado cayó en el cumplimiento de su deber, la familia recibe una pensión vitalicia y contará siempre con la simpatía, el agradecimiento y el apoyo de la sociedad y el Gobierno. Ellos saben que un pueblo ingrato que no reconoce a sus próceres está condenado al fracaso.

Nuestros médicos, enfermeras y enfermeros se juegan la vida en el frente de batalla, peleando contra un enemigo invisible que ya ha matado a muchos. Es importante que sepan que estamos muy orgullosos de ellos, que no están solos y que, si algo les sucede, la sociedad y el Gobierno sabremos hacernos cargo de sus familias.
A ellos, mostremos siempre todo nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro apoyo. Es lo mínimo que merecen.

¡Gracias por todo su esfuerzo!
19 Mayo 2020 04:03:00
Rituales del pasado
Cuando hablamos de rituales asociamos la idea con prácticas ancestrales, propias de sociedades secretas, sectas o tribus. Nada más alejado de la realidad. Los rituales son ampliamente practicados en la actualidad por millones de personas. Aun sin estar conscientes de ello, todos practicamos rituales: desde la mayoría de los habitantes de un país hasta los miembros de las sociedades, asociaciones, religiones y, en general, de cualquier agrupación particular.

Los rituales son el reflejo de la cultura de los pueblos. Tomemos el caso del saludo entre dos amigos de diferente sexo. Los mexicanos mostramos nuestra calidez mediante un abrazo apretado, los españoles su fogosidad con dos besos tronados, los norteamericanos su formalidad con un frío apretón de manos y los japoneses su respeto con una solemne reverencia.

Muchos de esos rituales van a cambiar permanentemente después de esta crisis sanitaria. Imagino a nuestros nietos asombrarse, cuando vean los videos de los cumpleaños de sus padres, porque todos los presentes se atrevían a comerse un pastel al que le había soplado el homenajeado para apagar las velitas.

Como este, otros hábitos alimenticios también tenderán a cambiar. Estaremos más atentos a los procedimientos de su preparación. Seguramente seremos más observadores y nos daremos cuenta de que el algodonero le sopla a la bolsa antes de introducir ahí la golosina o que el taquero de la esquina no tiene una fuente de agua limpia cercana para lavar los platos.

La fobia de estar rodeado de gente desconocida nos podría llevar a alterar los rituales relacionados con la ingesta de alimentos y la convivencia. Quizá ya no salgamos a comer los fines de semana en familia o sustituyamos los almuerzos de negocios por reuniones virtuales.

Seguramente también entrarán a revisión ciertos rituales religiosos. Para el caso de los católicos, durante las celebraciones eucarísticas, yo no sé si seguirá vigente el ritual de estrechar la mano de la persona de atrás durante el saludo de paz, tomar la mano de la persona de al lado al rezar el Padre Nuestro o tomar la comunión de la forma tradicional.

Indiscutiblemente nuestras vidas cambiarán, así como lo harán nuestros rituales, convirtiéndose en cosa del pasado. Muchos de estos son la base de nuestra identidad, nuestra idiosincrasia y nuestra cultura. Un reto que tendremos que asumir será evitar que estas modificaciones afecten nuestra esencia y nos alejen de los seres queridos.
12 Mayo 2020 04:00:00
Las imprecisiones del PIB
Recientemente saltó al debate nacional la cuestión de si el Producto Interno Bruto (PIB) es un buen indicador para medir el bie-
nestar de un país. Veamos.

El PIB mide, en pesos, los bienes y servicios producidos por una economía durante cierto periodo. Es un número que debe aproximarse a la medida de nuestro
bienestar, ya que todo lo que consumimos está restringido a lo que producimos o importamos. Sin embargo, hay otras cosas que el PIB no mide o mide en forma inexacta, y debemos de estar conscientes de ello.

Primero que nada, debemos observar el crecimiento del PIB real, es decir, ajustado por inflación. Lo que realmente mejora nuestro nivel de vida son los bienes y servicios que llevamos a casa, no los precios que marcan las cajas registradoras.

También debemos de buscar siempre la medida de PIB per cápita, esto es, dividido entre su población. El PIB de India, por ejemplo, es 15 veces más grande que el de Israel, pero el PIB per cápita de Israel es 10 veces más grande que el de India. Esto quiere decir que los israelíes son 10 veces más ricos que los indios. De la misma forma, si la población de un país crece más que su economía, el PIB per cápita caerá.

El PIB per cápita no es infalible, al ser un promedio, adolece de una gran omisión: no refleja la distribución del ingreso.

El PIB no contabiliza las actividades económicas por las que no se paga, como lo es el trabajo en el hogar. Preparar una cena, cuidar a los hijos o limpiar la casa no cuentan, pero ordenar a domicilio, contratar una niñera o a una empleada doméstica, sí.

El PIB tampoco toma en cuenta la degradación ambiental. De hecho, la contaminación en países poco comprometidos con el medio ambiente, como China, hace que su PIB se vea mejor: tanto los procesos productivos que ensucian el ambiente y los esfuerzos por revertirlos suman al PIB.

El PIB no considera los juicios de valor. La construcción de prisiones y de hospitales abona al PIB, aunque estaríamos mejor de no necesitarlos. En la medición del PIB tampoco aparecen los grandes placeres de la vida, esos que son gratis, como contemplar un atardecer o dar un paseo por el parque con el ser amado.

Es cierto que el PIB es imperfecto y hay grandes ausencias, pero como los economistas no nos hemos puesto de acuerdo para establecer un indicador universal que tome en cuenta lo anterior, no nos queda otra que seguir utilizándolo. Claro, con las reservas del caso.


05 Mayo 2020 03:00:00
Lecciones del Japón
Japón es un país con una alta concentración poblacional. Tiene una cantidad de habitantes muy similar a la de México en un espacio territorial cinco veces menor.

Además, su proporción de adultos mayores es de las más altas en el mundo, así como la de fumadores activos, que ocupa el nada honroso segundo sitio internacional. Esto, además de su vecindad con China, pronosticaría un desenlace terrible con respecto a la pandemia del Covid-19.

Sin embargo, Japón ha resistido de manera estoica su embate. Se han diagnosticado menos contagios que en México y la letalidad es cuatro veces inferior a la nuestra. ¿Cuál es la razón por la que han podido sortear de una manera más exitosa la crisis sanitaria? Quizá entender la experiencia nipona nos sirva para tomar acciones.

Para el caso de lo reducido de su mortandad, de seguro juegan factores culturales e históricos. Japón es un país que siempre ha vivido asediado. Los frecuentes fenómenos naturales, como tsunamis y temblores, y los enfrentamientos bélicos de gran envergadura, como las dos grandes guerras, han obligado a que el país cuente con una gran infraestructura sanitaria, una destacable capacidad de reacción y una arraigada cultura de prevención.

Desde los cuidados que observan al momento de toser o estornudar, muy diferentes a los realizados por los occidentales quienes apenas estamos tomando conciencia al respecto, hasta el hábito de usar cubrebocas al menor síntoma de enfermedad para no poner en riesgo a los demás, son muestras de la forma de vida colectivista que rige su sociedad.

Para el caso de lo reducido de los contagios, mucho tienen que ver los factores laborales y sociales. La mayor parte de las empresas son altamente automatizadas, por lo que la densidad poblacional en las fábricas y los contactos humanos tienden a ser muy bajos.

Además, el no invadir el espacio vital de las otras personas es una forma de mostrar respeto, por lo que se saluda con una reverencia y no con abrazos ni besos. También, la costumbre de quitarse los zapatos antes de entrar a sus casas, templos y escuelas, como medida higiénica y de comodidad, ha ayudado a dejar el virus en la calle.

Como vemos, existen razones coyunturales y de fondo. Pero el principal factor gira en torno a su cultura colectiva. Son legendarios sus kamikazes y sus samuráis, cuya característica en común consistía en dar la propia vida en beneficio de los demás.

Creo que precisamente ese será uno de los beneficios que nos dejará la pandemia a las sociedades occidentales: tenderemos a ser más colectivistas que individualistas. En la medida que aceleremos ese proceso de transformación podremos salir más rápido de la crisis sanitaria.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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@enriquemym
25 Febrero 2020 03:00:00
La parte más sensible del cuerpo
Para muchos analistas, Trump será un contendiente casi imposible de vencer en las elecciones de noviembre. Basan su argumento en el hecho de que el electorado decide con la parte más sensible de su anatomía: el bolsillo. Como el crecimiento económico de nuestro vecino del norte se mantiene y los índices en la Bolsa alcanzan sus máximos históricos, muchos ya dan por sentada su reelección. Yo tengo mis dudas al respecto.

Ni el PIB ni el Dow Jones son indicadores necesariamente adecuados para medir el desempeño de una economía, los estándares de vida del ciudadano común ni la sustentabilidad de un país. De hecho, como lo hace ver el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en un artículo reciente publicado en el portal Project Syndicate, el desenvolvimiento de la economía norteamericana en los últimos cuatro años es una prueba de por qué no debemos fiarnos de esas variables.

Un indicador importante de la salud económica de un país es la salud de su gente. Entre los países desarrollados, Estados Unidos ocupa los últimos lugares en esperanza de vida y se han disparado las tasas de mortandad de los jóvenes, principalmente por excesos de alcohol, sobredosis de drogas y suicidios. Estas muertes se han cuadriplicado en las dos últimas décadas. Los recortes en programas sociales han causado un incremento de 30% en personas no aseguradas.

Los recortes fiscales establecidos en 2017 han beneficiado única y desproporcionadamente a los más ricos, específicamente al 1% más pudiente. Para el resto, la medida resultó en un incremento impositivo y los trabajadores asalariados tienen un poder adquisitivo menor que hace 40 años. También, observa Stiglitz, sigue existiendo una desigualdad racial considerable: los trabajadores de color ganan 25% menos que los blancos.

Esa estrategia de recortes fiscales, aderezada con amenazas y amagos, debió traer nuevas inversiones y trabajo, cosa que no ha sucedido. Incluso, el empleo reporta tasas de crecimiento inferiores a las registradas en la administración de Obama. Otro factor de la lenta recuperación del empleo, sobre todo el de las mujeres, es por la reducción en el gasto en seguridad social que ofrece el servicio de guarderías.

Las guerras comerciales iniciadas por Trump, contra China y otros países, no han logrado reducir el déficit comercial, sino todo lo contrario. Por otro lado, el endeudamiento externo se ha magnificado, llegando a incrementos de hasta 10% anual.

Los indicadores macro no reflejan necesariamente el humor social ni la felicidad personal. Es cierto que las personas meten la mano al bolsillo antes de emitir su voto, pero también escuchan el consejo de su cabeza y el sentir de su corazón.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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@enriquemym
18 Febrero 2020 03:00:00
El arma de destrucción masiva
Alemania es la principal potencia económica de Europa y una de las más grandes del mundo. La determinación, inteligencia e iniciativa de su pueblo son dignos de admirarse. Lograron reconstruir su país desde las cenizas en un tiempo récord, gracias a un buen encauzamiento de su creatividad y disciplina. Marcas como Volkswagen, Adidas, Audi, Porsche, Puma, BMW, Mercedes Benz, Hugo Boss o Bayer, son sinónimo de calidad y éxito en todo el planeta.

Sin embargo, esa creatividad y disciplina no siempre han sido bien dirigidas. Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército alemán fue especialmente despiadado con los judíos y otras minorías, a quienes querían borrar del planeta en aras de proteger y empoderar a la raza aria. En esa ocasión utilizaron su talento para crear “la solución final”: campos de exterminio sistemático mediante cámaras de gas, reduciendo considerablemente los costos del genocidio.

Para saciar sus ansias de conocimiento y reconocimiento, los médicos alemanes se dieron vuelo para probar teorías y realizar pruebas en humanos, sin su consentimiento. De esta forma realizaron crueles experimentos sobre los límites humanos al congelamiento, ciertos venenos, a la altitud, a algunos implantes, a la deshidratación, entre muchas otras; así como procedimientos atroces para tratar de curar la homosexualidad, la sífilis, el tifus y la malaria. Se registraron algunos avances científicos, pero eso no justifica el sufrimiento infligido y las muertas causadas.

Los esfuerzos por mejorar la raza no se limitaron al ámbito humano. Los científicos genetistas trataron de revivir al uro, especie bovina de 2 metros de alto extinta desde hace 300 años, cuya degeneración derivó en los toros y vacas. El proceso era una especie de regeneración genética que, de haber prosperado, hubiera sido la antesala para traer de vuelta otras especies desaparecidas. No lo consiguieron, les faltó tiempo.

Dentro de las innovaciones más letales, que afortunadamente no alcanzaron a utilizar, estaba un arma de destrucción masiva que los Aliados encontraron en el banco central alemán. El arma no era un explosivo atómico o una bomba biológica, sino más de 130 millones de libras esterlinas perfectamente falsificadas. El plan, según confesaron después, era tirarlos sobre Londres en los aviones de la Luftwaffe.

¿Iban a atacar a su enemigo regalándoles dinero? Así es. Ese papel moneda, sin sustento productivo, hubiera generado una hiperinflación de magnitudes apocalípticas, destruyendo la economía inglesa desde sus entrañas. ¡Qué derroche de ingenio!
Esos son los riesgos de una política monetaria relajada e irresponsable. Esos son los riesgos de liderazgos mal encauzados. Esos son los riesgos de recibir algo que no hemos ganado legítimamente: a la larga, nos destruyen desde dentro.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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@enriquemym
04 Febrero 2020 03:00:00
Hasta en los perros hay razas
Solamente aquellos que no han padecido los efectos de una alta inflación en la economía no valoran la importancia de tenerla bajo control. Ese tipo de inflación es un fantasma espeluznante que deambula invisible, se mete en nuestros bolsillos, corroe el valor de nuestro dinero, erosiona nuestro poder adquisitivo y desquicia nuestras vidas.

Pero como dicen por ahí, “hasta en los perros hay razas”. No todas las inflaciones son iguales. Una hiperinflación como la que azotó a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial o como la que padece actualmente Venezuela, por supuesto que son muy nocivas. Cada minuto que pasa el dinero pierde valor y su función de medio de cambio. El desempleo, la pobreza y la devaluación son algunas de sus consecuencias.

Sin embargo, una inflación manejable, de un dígito y que ronde el objetivo del banco central, no solo no es negativa, sino es deseable. Una inflación baja es el residuo natural de una economía en crecimiento. Cuando la demanda crece, la oferta no se ajusta inmediatamente y ese retraso crea un incremento friccional en los precios.

Además, la inflación actúa como un impuesto a la informalidad y a la ilegalidad imposible de evadir. Quienes realizan estas actividades no pagan los impuestos formales, pero al no poder ingresar su efectivo al sistema financiero, dejan de recibir el rendimiento vía tasa de interés que compensa la erosión inflacionaria.

La inflación es generada, básicamente, por un exceso de circulante en la economía comparado con el crecimiento económico. Quien tiene el monopolio de la impresión de dinero es el Estado. Los bancos centrales en general gozan de cierto nivel de autonomía, pero no dejan de ser un ente estatal.

Por lo tanto, cuando el banco central incrementa la oferta monetaria más allá de lo respaldado por la actividad económica, está generando un “impuesto inflacionario” pagadero por los tenedores de efectivo. Una forma muy eficiente de cobrar contribuciones sin ir al Congreso ni afectar a los capitales legalmente invertidos, los que recibirán una tasa nominal de interés superior.

Recibimos con beneplácito la noticia para 2019 del segundo nivel de inflación más bajo del que se tiene registro en nuestro país. Bien por el banco central y bien por México. Sigamos empujando por atraer inversiones y activar la economía sin miedo al incremento de los precios. Al fin de cuentas lo único peor a una alta inflación, es una reducción generalizada de los precios, conocida como deflación. Ese sí es un cáncer terrible de difícil erradicación, que pospone indefinidamente el consumo y asfixia las economías.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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@enriquemym
28 Enero 2020 03:00:00
Las fuerzas que hacen volar
Siempre me han maravillado los aviones. De niño, disfrutaba construir prototipos aéreos de radiocontrol y coleccionar relojes de aeroplanos. De grande, apenas cumplí mi mayoría de edad, cursé la carrera de piloto aviador y obtuve mi licencia de vuelo.

El hecho de que el ser humano haya desafiado su condición de mamífero sin alas y haya conquistado los cielos me parece una de sus mayores proezas. Sin duda de ahí proviene una parte de mi pasión por la aviación y mi admiración para sus inventores. La otra parte deriva de su parecido con la vida del ser humano.

Sobre un avión actúan cuatro fuerzas: la potencia, la sustentación, el lastre y la gravedad.

La potencia lo impulsa hacia delante mediante la fuerza del motor o la turbina. La sustentación lo empuja hacia arriba gracias al efecto aerodinámico de las alas. El lastre lo frena hacia atrás por la resistencia del fuselaje al aire. La gravedad lo jala hacia abajo a causa del peso de sus componentes.

En la vida de las personas también interactúan estas cuatro fuerzas. La potencia es la fuerza vital que nos dan los motivadores en nuestras vidas: desde el instinto de supervivencia hasta el cumplimiento de nuestros sueños. El querer trascender, dar el ejemplo de lucha a nuestros hijos, dejarles un patrimonio, son alicientes que nos impulsan hacia delante.
La sustentación nos la otorga la estabilidad familiar, emocional, espiritual y económica, así como el tener un sentido en nuestras vidas, y nos empuja hacia arriba.

El lastre es la resistencia que encontramos a nuestros proyectos. La envidia, la incredulidad, el egoísmo y los obstáculos en general, así como la hostilidad en el ambiente de negocios y la incertidumbre económica, son factores que frenan y conducen hacia atrás.

La gravedad es el peso muerto que cargamos con nosotros: los traumas, los resabios, los rencores, los paradigmas, los pruritos. Nos jalan hacia abajo, nos impiden pensar con claridad y aligerar el viaje.

A pesar de que algunas fuerzas son negativas, todas son necesarias para que un avión pueda iniciar y concluir felizmente su vuelo. Aquí la maravilla de todo esto. Sin la gravedad no podría aterrizar o sin la resistencia sería imposible maniobrarlo.
Así en nuestras vidas. Podemos eliminar peso y sortear obstáculos, pero siempre quedarán algunos y debemos aprender a vivir con ellos. Para emprender el vuelo por la vida se necesita un equilibrio de todas las fuerzas. La vida es muy similar a los aviones, los que por cierto, entre más fuerte sople el viento en contra, más rápido se levantan.


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@enriquemym
20 Enero 2020 03:00:00
Lo que Salamanca no presta
La popular frase en latín y tallada en piedra “Quod natura non dat, Salmantica non praestat” da la bienvenida a los estudiantes de las escuelas pertenecientes a la Universidad de Salamanca, institución con gran prestigio académico.

Es atribuida a Miguel de Unamuno, escritor hispano y rector de esa casa de estudios a principios del siglo pasado. Su traducción textual es: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”.
El significado del proverbio anterior es profundo. No solo otorga una excusa a la Universidad en caso del fracaso académico o profesional de alguno de sus alumnos, sino valida la teoría de que las personas no nacen iguales y llegan a este mundo con intelectos diferenciados. La escuela no es capaz de proveer inteligencia, memoria y aptitudes cognoscitivas, son herramientas con las que ya se tiene que contar.

Muchas otras cosas tampoco son aprendidas en la escuela, como los valores, los modales, los buenos hábitos, la capacidad de comunicación, la conciencia moral y el amor por la vida, propia y ajena. Estas deben ser inculcadas en casa, en el seno familiar.
Si los padres fallan en proporcionar esos atributos, no quiere decir que sus hijos se volverán invariablemente en delincuentes. No. Conozco muchas personas exitosas, en lo personal y en lo profesional, procedentes de familias disfuncionales. Sin embargo, sí es un factor causal. “Es una razón necesaria, mas no suficiente”, como suele decirse.

En su libro Rampage, Katherine S. Newman estudia los factores promotores de los tiroteos efectuados por estudiantes en sus escuelas y lugares públicos, encontrando cinco causas.
La primera es un sentimiento de marginación y exclusión por parte del menor en sus grupos de pertenencia.

La segunda es de origen médico y producto de un mal congénito. Los jóvenes que han cometido atrocidades con armas suelen padecer trastornos psicológicos innatos.

La tercera tiene que ver con la información que recibe la persona y el ambiente en el que se desenvuelve, lo que lo lleva a generar filias y fobias, como la admiración a algún asesino serial o el odio a los miembros de cierto grupo étnico.

La cuarta es la falta de atención de los padres, incapaces de detectar la presencia de los tres desequilibrios anteriores en sus hijos. No es fácil, pero una relación cercana y cálida con ellos es indispensable para encontrar los comportamientos anómalos.
La quinta es la posibilidad de disponer de un arma con facilidad. Este es un tema delicado y controversial, callejón sin salida donde terminan las discusiones cuando se presentan acontecimientos de esta naturaleza.

Nos duele y entristece cuando algún miembro de la sociedad atenta contra su vida y la de personas inocentes, sobre todo cuando es un niño. No podemos culpar al Gobierno ni a las escuelas, evitar que vuelva a suceder es responsabilidad colectiva, sobre todo de los padres. Las muestras de cariño hacia los hijos son insustituibles, la presencia permanente en sus vidas no es subrogable y su educación esencial no es delegable, ni siquiera en Salamanca.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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03 Diciembre 2019 03:00:00
Una roca extraña
Recién terminé de ver en Netflix una interesante serie que lleva por título el de esta colaboración, pero en inglés: “A strange rock”. En ella, ocho astronautas que pasaron meses, incluso años, fuera de órbita explican desde esa perspectiva circunstancias del planeta y de la vida.
Durante miles de años los seres humanos mirábamos hacia arriba y hacíamos las preguntas. Ahora, los astronautas miran hacia abajo y ofrecen las respuestas.

Más allá de la contemplación constante del maravilloso paisaje y después de darle la vuelta al mundo cientos de veces, todos los tripulantes de los cohetes espaciales comparten un mismo sentimiento al regresar a la Tierra: las fronteras no existen, todos somos habitantes de un mismo vecindario.

Las mariposas monarca nacen de sus crisálidas en el norte de Estados Unidos y, para huir del invierno, emigran hasta el sur de México y después regresan a su lugar de origen. Ellas no presentan documentos ni visas al cruzar la frontera. Lo mismo ocurre con las ballenas, las golondrinas y una infinidad de especies en el planeta. Esa migración a lo largo del tiempo ha sido condición indispensable para la existencia de la vida como hoy la conocemos.

De hecho, la migración de los seres humanos también ha contribuido al desarrollo de la humanidad. El peregrinaje de los primeros hombres permitió la población de los continentes; después, la transmisión de las ideas y los inventos. Incluso en la actualidad la migración sigue siendo una fuente importante de riqueza para los países que la permiten y fomentan.

Los inmigrantes son menos aversos al riesgo, son más propensos a iniciar un negocio y más proclives a levantarse y comenzar de nuevo. Como escribieron Senor y Singer en su libro Start up Nation, “un país de inmigrantes es un país de emprendedores”. Los extranjeros en Estados Unidos son los creadores de 40% de las empresas listadas en Fortune 500 y son los ganadores de una tercera parte de sus premios Nobel.

La política antimigrante del presidente Trump es más una postura política que una convicción verdadera, pero no deja de convertirse en una gran oportunidad para captar esos talentos que deambulan por el mundo en busca de oportunidades, como lo hacen Israel, Australia y Singapur, con programas especiales.

En México, desde siempre, hemos sido muy cerrados de mente y de leyes al respecto. Conseguir visas de trabajo para extranjeros puede volverse un viacrucis, a la vez que se les restringe enormemente para poseer inmuebles. La participación política para mexicanos no nacidos en México sigue siendo muy limitada. Es tiempo de abrirnos al mundo y romper esos muros y paradigmas que nos aprisionan. Al fin de cuentas, todos somos inquilinos de la misma roca extraña.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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26 Noviembre 2019 03:00:00
El Ford mexicano
Henry Ford, fundador de la empresa automotriz que lleva su apellido, pasó a la historia por ser el arquitecto de la especialización del trabajo. Con su experiencia e ingenio diseñó, a principios del siglo pasado, las cadenas de producción en masa que utiliza actualmente la industria.

Hay otra característica de su modelo de trabajo, menos conocida, pero muy valorada hasta por los inconformes con el libre mercado: su preocupación por el bienestar de sus trabajadores. Ford decretó un incremento de más de 100% en el salario de su plantilla laboral, redujo las jornadas de 9 a 8 horas, 5 días a la semana.

Sus medidas revolucionarias fueron criticadas por los círculos económicos y financieros, pero en su visión, era la forma de alentar un círculo virtuoso: compartiendo las ganancias de la empresa con los empleados les permitiría comprar los vehículos que ellos mismos producían, dignificando sus vidas y dinamizando la economía regional. Su modelo, sin duda, tuvo mucho que ver con el éxito actual de la economía norteamericana.

Por las mismas fechas hubo un personaje similar en México. A diferencia de Ford, provenía de una de las familias más prósperas del país, lo que le permitió estudiar economía, contabilidad, homeopatía y agronegocios en Estados Unidos y Francia. Regresó a México para encargarse de algunos negocios familiares, agrícolas y siderúrgicos, principalmente.

Con una profunda convicción social, también subió al doble el salario de sus trabajadores, campesinos en su mayoría, y los capacitó en las nuevas técnicas de cultivo. Propuso la construcción de represas para sortear los tiempos de sequías, practicó sus conocimientos de medicina atendiendo a los más necesitados, fomentó enormemente la educación y fundó la Escuela Comercial en la Región Lagunera.

Al igual que Ford, no pasó a la historia por sus acciones sociales. Me refiero a Francisco I. Madero, el Apóstol de la Democracia, quien, conmovido por las condiciones infrahumanas de los obreros en las fábricas, indignado por la desigualdad en el campo e irritado por la falta de libertades individuales, inició un activismo político que lo llevaría a postularse como alcalde de San Pedro de las Colonias, Coahuila.

Fue derrotado por la maquinaria porfirista, que lo encarceló en San Luis Potosí, de donde huyó a San Antonio, Texas, para redactar el Plan con el que daría inicio la Revolución Mexicana.

El resto de la historia ya lo conocemos. Llegó a presidente en un México convulsionado y dedicó los 15 meses que duró su Gobierno a tratar de pacificarlo, sin margen para impulsar sus reformas. Las balas de Huerta vertidas en la Decena Trágica privaron a nuestro país de un gran hombre, el Ford mexicano, y retrasaron décadas nuestro desarrollo.

VOCES DE LA REGIÓN
ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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19 Noviembre 2019 04:00:00
La rebelión de los extremos
El mundo se divide en extremos cada vez más radicales. Algo está cambiando en el planeta que está dando al traste con las teorías tradicionales de ciencia política.

Antes, la oferta ideológica partidista se disputaba un congestionado centro en las preferencias electorales. La gráfica común para describir el espectro ideológico de la población era la típica campana: una distribución normal que aglutinaba a las mayorías en el centro, dejando los extremos casi desiertos.

En la izquierda radical se incluían los comunismos, muy venidos a menos desde la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la Unión Soviética. En la derecha extrema, los fascismos, prácticamente desaparecidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El resto de las ideologías, desde socialismos hasta nacionalismos, estaban cargados hacia el centro, lugar preferido del votante.

Los partidos podían inclinarse hacia un lado u otro, pero siempre anclados al promedio. El caso de México es emblemático. Sus gobiernos, durante la segunda mitad del siglo pasado, oscilaron entre el populismo y el neoliberalismo, sin abandonar nunca la rentabilidad del punto medio.

La izquierda radical gobierna sus bastiones tradicionales: Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador y, hasta hace unos días, Bolivia. Su presencia crece día con día.

La extrema derecha europea sigue permeando en países como Hungría, Italia, Alemania, Francia, Finlandia y acaba de ganar las elecciones generales en España. Nuestro continente no se queda atrás: su triunfo en Brasil del año pasado vino a fortalecer a los gobiernos de derecha moderada en Colombia, Perú y Chile, ahora convulsionado.

Algo hemos hecho mal que los ciudadanos buscan cada vez opciones más radicales y arriesgadas. En este sentido creo que el multimillonario Nick Hanauer tiene razón. El magnate publicó un video, presentado incluso por el Presidente de México en una de sus conferencias habituales, en el que alerta sobre el descontento social causado por la creciente desigualdad en la distribución de la riqueza.

Ahí está el problema. Es cierto que cada generación vive mejor que la anterior, que la población en el mundo cada año es menos pobre. Eso está bien. Lo que ofende y enfurece es la acumulación obscena del dinero en muy pocas manos, mientras, en muchas partes del mundo, siguen padres pasando las de Caín para poder alimentar a sus hijos.

De seguir así, Hanauer pronostica un desenlace terrible de violencia. Ya lo adelantó también Thomas Pikkety en su texto El Capital en el Siglo XXI: Solo las guerras mundiales han podido redistribuir el ingreso. Los radicalismos para allá conducen. Estamos a tiempo de tomar medidas para evitar llegar a esos extremos.
12 Noviembre 2019 04:05:00
La receta de la torta
“¿Quién puede preparar una torta?”, pregunté en alguna ocasión a mis sorprendidos alumnos de alguna de mis clases de Economía. Por supuesto, todos levantaron la mano. La respuesta a esa pregunta, en apariencia tan obvia, no lo es tanto. Primero debemos definir qué es una torta, y eso depende del país y la cultura.

Supongamos que nos referimos a la torta mexicana: es un platillo compuesto por algún tipo de pan, generalmente bolillo, telera o baguette, partido por la mitad y relleno con ingredientes diversos, como jamón, queso, mayonesa, frijoles y tomate, entre otros. Me refiero a la torta básica, porque en la riquísima variedad de la gastronomía nacional podemos encontrar componentes tan diversos como carne al pastor, sesos de res, tamales de pollo y hasta chilaquiles.

Bien, para elaborar una torta se requieren los ingredientes y el trabajo de una persona, es decir, el capital físico y el capital humano, en el argot económico. Pero esto no es suficiente. Si le doy los insumos a un habitante de una remota isla africana y le pido preparar una torta, lo más seguro es que se quede pasmado. Además de los elementos y el trabajo, se requiere conocimiento.

Detrás de la posibilidad de comprar en el supermercado un producto tan simple como un bolillo, hay miles de años de conocimiento acumulado. Primero, el hombre tuvo que inventar la agricultura y hacerse sedentario. Después necesitó aprender a sembrar el trigo y construir rústicos molinos de piedra para producir harina. También hubo que aprender a dominar el fuego, inventar el horno para su cocción, así como, a base de prueba y error, la fórmula para elaborar el pan.

Algo similar ocurre con el resto de los ingredientes. Son procesos milenarios de aprendizaje en los que las ideas anteriores son la base para las nuevas. Algo aparentemente tan fácil como elaborar una torta es producto de la acumulación de sabiduría ancestral, de la suma de miles y miles de ideas a lo largo de la historia.

Con la aparición de la imprenta hace casi 600 años los inventos comenzaron a registrarse, a difundirse y a trascender de una forma exponencial, con lo que comenzó a institucionalizarse la inteligencia colectiva. Ahora, con la revolución cibernética, el internet y las redes sociales, el conocimiento se democratiza y se propaga a velocidades impresionantes.

Entonces, ¿quién puede preparar una torta? La respuesta es “nadie”. Nadie por sí solo, todos necesitamos, sin darnos cuenta, de las ideas generadas por nuestros ancestros. Pero no solo requerimos la sapiencia de los muertos, también de los vivos. Todos necesitamos de todos. La mayonesa no se prepara sola y los tomates no crecen en nuestro jardín. La participación y el conocimiento de todos es lo que enriquece nuestra sociedad.
29 Octubre 2019 03:00:00
Eureka
Con tantas distracciones que enfrentamos en nuestras agitadas vidas hemos perdido la capacidad de pensar. Esos diálogos internos y encuentros con uno mismo no solo nos relajan el cuerpo y fortalecen el espíritu, también nos inspiran y son la mejor forma de generar ideas.

Que el conocimiento verdadero está dentro de nosotros mismos no es una idea nueva. Sócrates lo propuso hace más de 2 mil 600 años e implementó un método de enseñanza dialéctico que sigue siendo utilizado hasta nuestros días, mediante la obtención de las respuestas provenientes de la lógica y deducciones internas.

Las ideas, al final de cuentas, son conceptos abstractos que tienen que verbalizarse o escribirse para materializarse. A pesar de eso, pueden llegar a tener un gran valor. Tanto así que los gobiernos han implementado políticas para la protección intelectual en aras de incentivar la innovación y el emprendimiento.

Tomemos el caso del iPhone más reciente, el 11 Pro, que puede llegar a costar, en su versión más completa, alrededor de 36 mil pesos. Supongamos que lo desarmamos y dividimos todos sus componentes y materiales. Nos encontraremos con unos 30 gramos de litio proveniente de la batería, unos 25 gramos de plástico, 20 de vidrio y 15 de cobre, cromo y aluminio, entre muchos otros, como oro y platino en montos más pequeños.

Si llevamos esos materiales y los vendemos a precio de mercado, no recibiremos más de 50 pesos por todo. Es cierto que para producir y llevar al punto de venta ese dispositivo inteligente participaron trabajadores, empacadores, choferes y vendedores, entre otros. Aún así, si prorrateamos el sueldo de todos ellos no agregan más de 70 pesos por unidad.

Es decir, el costo de materiales y mano de obra de un iPhone de última generación es solo de alrededor de 120 pesos. Los otros 35,850 pesos son para los dueños de la idea.

Las ideas pueden llegar a valer mucho. Aunque antes hay que generarlas, luego sacarlas de nuestra cabeza e implementarlas. Para lo primero debemos dormir bien, oxigenar el cerebro con ejercicio y leer libros y artículos sobre nuestros temas de interés, para establecer fuertes cimientos y generar ese momento de “eureka”.

Para lo segundo, se requiere voluntad, esfuerzo y disposición a aventurarse. Las ideas arrinconadas en el fondo de nuestra cabeza no sirven de nada. Hay que tomar el riesgo. Como decía Óscar Wilde: “Una idea que no es peligrosa no es digna de llamarse idea”. Las ideas puestas al servicio de la humanidad y de los mercados cambian vidas, comenzando por la nuestra.

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ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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22 Octubre 2019 04:00:00
El Nobel de la esperanza
El 17 de octubre se celebró el Día Internacional para el Erradicación de la Pobreza. Afortunada coincidencia que esa misma semana haya salido finalmente humo blanco de la Academia Sueca para otorgar el Premio Nobel de Economía 2019. Los ganadores son Abhijit Banerjee y Esther Duflo, pareja naturalizada estadunidense que forma parte del claustro del MIT, y Michael Kremer, norteamericano de nacimiento e investigador de Harvard.

El galardón llama la atención por varios aspectos. El primero tiene que ver con una cuestión generacional y de género. Duflo es la primera mujer con formación de economista y la persona más joven en recibir dicha distinción en la historia.

El segundo, con la materia de las investigaciones: el combate a la pobreza. En su medio centenar de entregas, salvo en la asignada a Angus Deaton en 2015 por su “análisis sobre consumo, pobreza y bienestar”, el combate a ese lacerante flagelo no había sido tema de interés principal del jurado.

El tercero, con la etapa en el proceso científico. No se premia un análisis, una teoría o un modelo matemático abstracto, como tradicionalmente sucede, sino la evaluación de experimentos que llevan años implementándose a través de ensayos aleatorios. Gracias a esa oportuna intervención, más de 5 millones de niños en India y Kenia resultaron beneficiados con programas para mejorar su rendimiento escolar y su desarrollo personal.

La verdad es que los condecorados no descubrieron el hilo negro. Es lógico suponer que las tutorías de refuerzo a los alumnos en situación vulnerable, los incentivos para reducir el ausentismo de los maestros o las acciones para prevenir enfermedades resulten en beneficios sociales. A pesar de saber esto, la pobreza en el mundo persiste.

El hallazgo interesante aquí es que los galardonados demostraron que las políticas públicas generales pierden su efecto por no considerar las diferencias preexistentes del público meta. Los trajes deben ser a la medida, con enfoques más precisos y reducidos.

La fórmula para combatir la pobreza está ahí, en la educación y en la salud. No con recetas genéricas, sino con intervenciones específicas y locales. Es una inversión al largo plazo, pero es la única que vale la pena. No es malo que un país cuente con hospitales modernos, centros penitenciarios suficientes y programas de transferencias para atender a los pobres, pero siempre será mejor, mucho mejor, no necesitarlos.

Los galardonados pusieron la investigación económica al servicio de la sociedad mediante métodos empíricos y pragmáticos anteriormente poco valorados. Felicidades a ellos y gracias por devolverle a la ciencia económica esa dosis de esperanza social y de credibilidad tan necesaria en nuestros días.

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ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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15 Octubre 2019 04:05:00
¿Adiós al efectivo?
En un esfuerzo por reducir el uso de efectivo, la Secretaría de Hacienda y el Banco de México anunciaron el lanzamiento de la plataforma de cobro digital CoDi, que es una extensión del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI). La medida ha generado muchas dudas sobre su factibilidad e implicaciones. Y como en todo, hay voces a favor y en contra.

Según un estudio de MasterCard, 85% de las transacciones comerciales en el mundo se realiza todavía en efectivo. En México, la cifra supera el 90%. Mantener billetes y monedas en los bolsillos resulta muy oneroso. Para nuestro país no hay datos, pero un estudio de Harvard Business Review sostiene que a las empresas, consumidores y Gobierno de EUA cargar efectivo les cuesta 200 mil millones de dólares al año.

El tiempo perdido haciendo largas filas en los cajeros, las altas comisiones bancarias por retiro, el costo de oportunidad de no recibir un interés por esos recursos y el riesgo de asaltos son algunas de las desventajas asociados al efectivo.

Quienes están por la afirmativa también argumentan, no sin razón, que la medida será un obstáculo a la corrupción, a la evasión fiscal y a la delincuencia organizada, así como un impulso a la productividad de los trabajadores y un acicate a la inclusión financiera. Además, ante especulaciones sobre la liquidez del sistema financiero las personas no podrán correr a los bancos a retirar su dinero, suavizando el efecto de la crisis.

Los detractores esgrimen argumentos relacionados con las garantías y libertades individuales, así como el derecho a la privacidad. El dinero es anónimo, lo mismo que la filantropía verdadera: ¿cómo se apoyará a un indigente en la calle o cómo se dará limosna en la iglesia?

La dependencia en internet del sistema financiero y comercial será total. Una falla en los sistemas, accidental o terrorista, colapsaría el sistema de pagos. Además, todavía existen lugares en México donde no llega el internet.

Adicionalmente, argumentan que ya muchos crímenes y actividades delictivas son financiadas por dinero electrónico anónimo, como el bitcoin.

En algunos países se ha comenzado a implementar la desaparición del efectivo, como Suecia, en donde, por cierto, se pueden aportar donativos en las iglesias mediante una aplicación. En términos generales, el resultado ha sido positivo.

Definitivamente la infraestructura y la cultura de México es muy diferente a la de los países escandinavos, pero siempre será más fácil instalar una antena de internet que una sucursal bancaria.

Creo que la desaparición del efectivo es una tendencia irreversible y positiva, aunque llevará un largo proceso de implementación. Con voluntad y trabajo coordinado, los obstáculos pueden ser sorteados. Bienvenida la inclusión financiera y las nuevas tecnologías.

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@enriquemym
01 Octubre 2019 04:00:00
La ingrata economía
La economía es muy ingrata. No acabamos de celebrar una buena noticia cuando ya se comenzaron a manifestar fuerzas en contra. Que se apreció el peso con respecto al dólar, los exportadores ponen el grito en el cielo; que bajaron las tasas de interés, los ahorradores se quejan; que hubo un crecimiento económico mayor al esperado, la inflación amenaza golpear al consumidor.

El Inegi reportó en días recientes una tasa de inflación anual para la primera quincena de septiembre inferior a 3%, la más baja en los últimos tres años. De la misma forma, el incremento inflacionario para la primera quincena de enero fue de 0.17%, la cifra más reducida desde que este indicador se calcula, es decir, hace poco más de dos décadas.

Es sin duda una gran noticia. Primero, porque Banco de México está cumpliendo con su función primaria: la estabilidad en los precios.

Segundo, porque una inflación controlada y una reducción en las tasas de Estados Unidos permiten un descenso en la tasa de interés en México, como ya sucedió y seguirá sucediendo. Tasas de interés menores se traducen en más inversión física y productiva, generadora de crecimiento y empleo.

Tercero, se fortalece el poder adquisitivo de las familias mexicanas. De nada sirve que los salarios suban si también lo hacen los precios. Si estos se mantienen fijos o disminuyen, a las familias les rendirá más su dinero.

Recordemos que los precios en una economía de mercado, como la nuestra, son fijados por la demanda y la oferta. En este caso, como la demanda por bienes y servicios no ha crecido, no han existido presiones alcistas a los precios. Esto no es necesariamente una buena noticia.

Por el lado de la oferta, de los precios que más impactan a la inflación son los energéticos, que han mostrado una reducción, incluso, a pesar del incremento de los precios del petróleo derivado de los ataques a Arabia Saudita. Esta, sin duda, sí es una gran noticia.

Hay otros precios clave que se han reducido, los de algunos productos del sector agropecuario, como el trigo, el maíz y la carne de res. Esta es una buena noticia para los consumidores, pero un mala, muy mala, para los productores, quienes difícilmente podrán cubrir sus costos de producción y trasladarán la presión al Gobierno para que cubra el diferencial.

Así es la economía, en ella nada es completamente negro ni completamente blanco. A veces da en abundancia; otras, receta medicina amarga. Es cuestión de entenderla y buscar encontrar siempre los equilibrios óptimos.

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ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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24 Septiembre 2019 03:00:00
Más rico que el más rico
Mansa Musa I, emperador de Mali a principios del siglo 14, es considerado por la historia como el hombre más rico que ha vivido en el planeta. Dueño de las legendarias minas de oro de Wangara, que producían la mitad del oro del mundo, Musa contaba con lujos impensables para la época. Sesenta mil sirvientes lo atendían, preparando sus alimentos, confeccionando su ropa, atendiendo sus caprichos y actuando para divertirlo.

Musa también contrató a los mejores arquitectos ibéricos para construir su palacio, mezquitas, una gran biblioteca y una nueva capital: Tombuctú. Se dio el lujo de realizar una peregrinación a La Meca, atravesando el desierto del Sahara, con una comitiva de más de 70 mil personas e ir regalando lingotes de oro en el camino. Si convirtiéramos a valor presente y dolarizáramos la fortuna de Musa, equivaldría a cuatro veces la de Bill Gates, el hombre más rico del mundo.

¡Qué bendición haber sido Mansa Musa!, ¿o no? Si lo pensamos bien, el ciudadano promedio de la actualidad vive mejor que el emperador de Mali. No vayamos tan lejos, la mayoría de las personas tiene mejores oportunidades y opciones que las que tenía la realeza europea hace siglo y medio.

Antes, los nobles morían a temprana edad de enfermedades ahora fácilmente curables, iluminaban sus casas con velas, padecían un viacrucis para viajar unos cuantos kilómetros y no tenían formas eficientes de comunicarse a la distancia.

La riqueza de un país o una persona no está determinada por la cantidad de dinero que tiene, sino por la cantidad de bienes y servicios que puede disfrutar, y esos bienes y servicios tienen que ser producidos u ofrecidos por alguien. Por eso, para medir la riqueza de un país no se considera la suma de las cuentas bancarias de sus habitantes ni la capacidad recaudatoria de su gobierno, sino su Producto Interno Bruto (PIB).

Al igual que Mansa Musa, y gracias a nuestro sistema económico, también tenemos a miles de personas trabajando para nosotros, aunque no las veamos. Por unos cuantos pesos podemos disfrutar, por ejemplo, de un delicioso café. Para ello, tuvo que haber agricultores que lo sembraran y cosecharan, productores que hicieran los fertilizantes, obreros que ensamblaran los camiones donde se transportó el grano, empleados que hicieran funcionar los molinos, trabajadores que diseñaran y fabricaran las tazas, hasta los despachadores que lo sirven y cobran.

No cabe duda de que aun los más pobres actuales son más ricos que los ricos de antes, y todo esto ha sido gracias al esfuerzo de nuestros ancestros. Debemos vivir agradecidos por la época en que nos ha tocado vivir. Además, más rico no será aquel que tenga más, sino quien valore la naturaleza, a su familia, a sus amigos y necesite menos para ser feliz. Cuando creamos no ser ricos, recordemos que lo somos más que el legendario Mansa Musa.

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ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES
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17 Septiembre 2019 03:00:00
El orgullo de ser mexicano
Durante septiembre, México celebra su aniversario como nación independiente. Fue el 16 de ese mes en 1810 cuando el cura Hidalgo, tañendo la campana en Dolores, Guanajuato, dio formalmente inicio a la contienda armada por la emancipación que concluiría con la firma de los Tratados de Córdoba y el posterior arribo del Ejército Trigarante a la capital del país, el 27, también de septiembre, pero de 1821.

México vio la luz como país independiente en esa fecha, pero se comenzó a forjar como nación desde el arribo de los españoles tres siglos antes. Esa mezcla de culturas dio como resultado el mestizaje que hoy nos define como pueblo único en el mundo.

En México no necesitamos cápsula del tiempo. Es posible viajar al pasado visitando alguno de los más de 100 “pueblos mágicos” localizados en todas las regiones del territorio nacional, donde se conservan templos, iglesias y edificios públicos que datan de la época de la Colonia. Sitios arqueológicos y no pocos museos mexicanos nos remontan a la época precolombina y nos muestran la grandeza de los aztecas, olmecas, zapotecas y mayas, entre muchos otros.

La naturaleza fue pródiga con nosotros. Nos obsequió un país rico en flora y fauna, donde existen ríos caudalosos y enormes lagos, así como una gran cantidad de minerales e hidrocarburos en el subsuelo. En México podemos disfrutar de las mejores playas del mundo, admirar la belleza de sus desiertos infinitos, meditar en las profundidades de sus bosques montañosos y vivir intensamente el turismo de aventura en sus agrestes selvas.

Nuestra gastronomía es reconocida internacionalmente. No solo los mexicanos aportamos para el deleite del mundo el maíz, el tomate, el aguacate, la papa, la vainilla y el chocolate, sino que hacemos maravillas con ellos. Nuestros platillos tradicionales, como los tacos, los tamales, el cabrito o el machacado, se han convertido en una forma de arte culinario inigualable.

Sin embargo, lo más valioso que tiene nuestro país es su gente. A pesar de ser fruto de un doloroso mestizaje, el mexicano vive con alegría. Amamos tanto a la vida que no la queremos dejar, quizá por ello celebramos a la muerte, con sus altares, sus catrinas y sus panes, haciendo una gran fiesta cada 2 de noviembre.

Los mexicanos nos enorgullecemos de nuestro origen, somos grandes anfitriones, tendemos la mano franca y tenemos palabra. Nos acongojamos junto con el que sufre y celebramos como propias las victorias de nuestros seres queridos, sobre todo si son las de nuestro equipo de futbol. México es pasión, México es colorido, México es su gente.

Por todo esto y más, ¡gracias, México! ¡Feliz aniversario! ¡Felices fiestas patrias!
20 Agosto 2019 03:00:00
La receta del gringo
Una de las industrias que enfrenta mayores retos es la restaurantera. Su relación consustancial al sector agroalimentario hace que este le contagie sus riesgos que impactan en sus costos: plagas, heladas, sequías, granizadas, inundaciones, entre otros. Los precios de los combustibles y la depreciación de la moneda afectan también su operación y sus finanzas.

Además de eso, en algunas regiones del país, como la zona metropolitana de Monterrey y Saltillo, la saturación de establecimientos expendedores de alimentos hace menos rentable el negocio.

En el caso de Monterrey, según datos de la Canirac, durante la década previa a 2018 la demanda por comer fuera de casa se incrementó a una tasa anual menor a 3%, mientras la oferta lo hizo al triple, hasta llegar a un total de alrededor de 18 mil establecimientos. El año pasado el mercado actuó y por primera vez en mucho tiempo redujo el número de localidades 4 por ciento.

Sin embargo, el reto sigue. La sobreoferta gastronómica, el estancamiento económico y la escasez de liquidez en el mercado significará un reto para quienes decidan permanecer en la industria. ¿Qué hacer para tener éxito?

Hace algunos días escuché por radio en entrevista al estadunidense Dan Deffosey, socio fundador del restaurante Pinche Gringo BBQ, con dos sucursales en la CDMX. El suyo es un sonado caso de éxito que debe ser analizado para quienes participen en la industria.

En 2013 Deffosey tuvo un sueño, lo esquematizó y luchó por él. Estudió el mercado mexicano y encontró un nicho sin explotar, el de la comida BBQ. Se asoció con la persona correcta, un artista mexicano, y juntos instalaron un “food truck” para ofrecer sus productos.

Con una calidad de primera, pero ante el desconocimiento por parte de la clientela, el negocio agonizaba cuando una comunicadora lo conoció, publicó una entrevista y transmitió su experiencia en redes sociales. Al día siguiente tuvieron su primera fila de gente, misma que continúa hasta la fecha, mostrando crecimientos extraordinarios.

Los retos de estos emprendedores han sido muchos, desde la validación de su controversial nombre, proceso que llevó cinco años. Deffosey comparte sin tapujos la fórmula de su éxito: un producto y local innovadores, claramente diferenciados, que llevan a vivir una experiencia única; sacrificio, mucho sacrificio: estar ahí en fines de semana, hasta altas horas de la noche, incluso en vacaciones; y una correcta estrategia de promoción y comunicación.

Aquí está la receta del éxito. La que no quiso compartir fue la de las costillas BBQ que, por cierto, les recomiendo mucho.
25 Junio 2019 04:00:00
Conflicto en los datos
En agosto de 2010 se publicaron dos noticias contrastantes para Coahuila: mientras el IMSS señalaba que la entidad alcanzaba su máximo histórico en empleo, el Inegi colocaba al estado, en aparente contradicción, en el primer lugar de desempleo.

¿Cómo Coahuila puede registrar niveles históricos en empleo y, al mismo tiempo, pareciera estar a la cabeza del desempleo? La respuesta es muy sencilla: los indicadores del IMSS y el Inegi no miden lo mismo.

El primero responde al padrón de trabajadores dados de alta ante él: mexicanos, con nombre y apellido, cuyos patrones aportan una cuota para que puedan disfrutar de los beneficios del sistema; es decir, los empleos formales. Entender los datos del Inegi es algo más complicado, pues mide la Tasa de Desocupación, resultante de una encuesta realizada a una muestra determinada.

Sabemos, por experiencia, que no existe encuesta infalible. Adicionalmente debemos tener bien en claro cómo define el Inegi a una persona ocupada: aquella que haya realizado alguna actividad productiva cuando menos una hora en la semana que se aplica la encuesta, sin importar si recibió o no remuneración. Por lo tanto, podemos inferir que este indicador de ocupación contabiliza tanto los empleos formales como los informales, así como a quienes realizan actividades voluntarias.

Lo anterior viene a colación por la reciente publicación de indicadores, también aparentemente encontrados. El IMSS reportó en mayo una caída pronunciada, la mayor en una década, en la creación de empleos, pero también se dio a conocer que el nivel de consumo de la población, aunque desacelerado, se mantiene.

Encuentro dos explicaciones a este fenómeno. La primera, relacionada con la generación de ingreso. El indicador del IMSS señala la falta de creación de empleos formales, pero seguramente el Inegi pronto presentará números positivos en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, donde incluye los puestos informales, que también aportan recursos al bolsillo.

La segunda la aporta el mismo IMSS: en mayo, el salario promedio pagado a los trabajadores fue de 377.50 pesos, 2.3% superior al de mayo 2018, mientras la masa salarial (el total de los sueldos pagados a todos los trabajadores del país) creció 4.7%, en términos reales, en el mismo periodo.

Es decir, mejores sueldos y empleo informal compensan la caída en la creación de plazas formales. No es lo ideal, pero suficiente para mantener el consumo, lo que a su vez genera empleo. Sigamos trabajando en generar confianza e inversiones, ya que solo así podremos alcanzar el crecimiento económico al que aspiramos y que merecemos.
18 Junio 2019 04:02:00
La ventaja de la felicidad
Siempre estamos posponiendo y condicionando nuestra felicidad a un evento futuro: cuando logre tal negocio, cuando tenga tanto en mi cuenta bancaria, cuando resuelva tal problema. Es decir, vemos a la felicidad como una consecuencia del éxito en nuestras vidas. El enfoque es erróneo. De hecho, la experiencia demuestra que la relación es al revés: primero la felicidad, luego el éxito.

Shawn Achor, autor estadunidense y promotor de la psicología positiva, presenta esa teoría en su libro La Ventaja de la Felicidad. Achor es egresado y profesor de la Universidad de Harvard, cuya comunidad estudiantil participó como insumo para realizar sus experimentos iniciales.

La depresión y los padecimientos físicos generados por estrés son problemas serios de salud que cada año se acentúan, saturando los hospitales y llenando los cementerios. Según fuentes oficiales, hace 50 años la edad inicial de padecer problemas depresivos rondaba la treintena de años, ahora anda sobre los 15.

El propio ambiente social y laboral nos ha llevado a ese punto. Nuestros cerebros son contaminados permanentemente por las noticias negativas. Las escenas grotescas de tragedias, accidentes y asesinatos brutales dejan poco a la imaginación. A diferencia del pasado, ya no es necesario buscarlas proactivamente en rotativos o noticiarios, pues ahora las redes sociales se encargan de ofrecerlas a toda hora.

Mientras no salgamos de este círculo vicioso, explica Achor, será muy difícil alcanzar nuestras metas y realizarnos como personas. Para tal efecto, propone una serie de principios básicos y consejos prácticos. Por ejemplo, enfocarnos en lo positivo, trabajar primero en logros pequeños o generar incentivos para cambiar nuestros hábitos.

Al enfrentar problemas solemos retraernos y aislarnos, cuando la mejor receta antidepresiva es socializar, convivir con los amigos y estar más cerca de la familia. Estudios demuestran que los optimistas alcanzan más metas y más fácilmente que los pesimistas, y que quienes se visualizan como sujetos con suerte, regularmente la tienen.

No es fácil lograr la felicidad por decreto, pero tampoco imposible. La felicidad es un estado mental, y como nuestros cerebros son moldeables aun en edad adulta, es posible dirigirlos gradualmente a un estadio de felicidad permanente mediante una serie de dinámicas. Ser optimista y feliz depende mucho menos de las circunstancias externas y mucho más de nuestra voluntad.

Intentémoslo. Si lo conseguimos mejoraremos nuestro entorno y obtendremos la ventaja de la felicidad necesaria para triunfar en los distintos ámbitos de nuestras vidas.
11 Junio 2019 03:55:00
El impacto real
Los analistas económicos coincidían en que la probabilidad de que Estados Unidos aplicara el arancel del 5% a las importaciones mexicanas rondaba en 70 por ciento. La cifra se me hacía muy alta y la realidad lo confirmó.

La razón es meramente pragmática. A México le afectaría enormemente la medida, pero a Estados Unidos también. Se trataba de quedar bien con el electorado sin hacer daño. Con el amago sería suficiente. Sin embargo, la amenaza queda sobre la mesa y pudiera ser retomada en cualquier momento, de así convenir al presidente Trump para su posicionamiento político, por lo que no está de más analizar sus consecuencias.

La mayoría de los especialistas ha manifestado que un arancel del 5% no afectaría mayormente a nuestra planta exportadora, pues el mercado, sobre todo el cambiario, ya había descontado el efecto del impuesto a las exportaciones mexicanas y depreciado el peso casi 5%, es decir, no habría daño por un efecto de compensación: los exportadores ganarían menos dólares, pero que valen más.

Yo no coincido; el análisis es más complejo que eso. Veamos el detalle.

Como el impuesto lo pagaría el importador norteamericano, tendría tres opciones: 1) pagar el arancel y transferirlo al consumidor norteamericano; 2) pagar el arancel y transferirlo al exportador mexicano descontándolo del precio; y 3) buscar otro proveedor nacional o de otro país.

La reacción del importador dependerá del tipo de producto, de su precio y de la elasticidad de su precio. Por ejemplo, los aguacates, el tequila y la cerveza favorita de los estadunidenses, productos exclusivamente mexicanos, gozan de una alta inelasticidad: si el precio sube, la cantidad demandada cae poco o nada. En este caso lo más probable es que el consumidor absorba el sobreprecio y abone a la inflación de aquel país. En el mismo rubro entrarían también vehículos que únicamente se ensamblan en México.

Productos como tomates, berries y pimientos, fuertemente demandados por el consumidor norteamericano, también son producidos allá, pero no en cantidades suficientes. Como hay un precio establecido por el mercado, el importador no puede vender por encima de este, por lo cual transferiría el costo total del arancel al productor mexicano.

Para el caso de bienes cuyo diferencial en precio y en producto es pequeño, como los granos, serían sustituidos por producción nacional o de otros países, hasta donde lo permitan los costos por logística.

Los impuestos en general, y los aranceles en particular, distorsionan los mercados y causan pérdidas a todos. Hago votos por la pronta ratificación del T-MEC y la eliminación permanente de este tipo de amenazas.
28 Mayo 2019 04:00:00
El dilema de la regulación
A nadie nos gusta que nos restrinjan o limiten, pues todos queremos ser plenamente libres. En algunos países, incluso, la sobrerregulación asfixia a las empresas y desmotiva la inversión. En México, para iniciar un negocio se requieren permisos y documentos de los tres órdenes de Gobierno. El de impacto ambiental, el del uso de suelo y el de protección civil, por mencionar solo algunos.

Es cierto que a mayor regulación, mayor posibilidad de corrupción. Es evidente. Por ello los gobiernos realizan importantes esfuerzos por adelgazar la carga regulatoria. En México hasta contamos con un órgano nacional para impulsarlos: la Comisión Federal de Mejora Regulatoria.

La pregunta es ¿hasta dónde desregular? Claro, los radicales se inclinan por una abolición total de la tramitología. ¿Se imaginan no tener que desembolsar ni hacer largas filas para pagar los derechos de control vehicular o tramitar una licencia de funcionamiento? Sí, sería muy cómodo y añadiría recursos a nuestros bolsillos, pero también abriría la puerta a eventualidades como que nos choquen y huya un vehículo sin placas o se instale una discoteca al lado de nuestra casa.

El asunto no queda ahí. La ola desregulatoria inició internacionalmente con los gobiernos de Reagan y Thatcher, y en México, con los de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas. Esa política liberó a muchos de los mercados, sobre todo a los financieros, de las ataduras regulatorias, esperanzados en que “la mano invisible” hiciera su función y generara mejores condiciones para todos.

Esa falta de regulación llevó al traste a los mercados financieros cuando se reventaron las “burbujas” en 2009. La distribución del ingreso no es mejor, sobre todo en los países en vías de desarrollo, y la acumulación de la riqueza en pocas manos se acentúa.

El Nobel Joseph Stiglitz propone un “capitalismo progresivo”, basado en un regreso a la regulación. “Debe hacerlo distinguiendo con claridad entre la creación de riqueza y la extracción de riqueza”, como lo mencionó Héctor Aguilar Camín en una colaboración reciente.

Los gobiernos deben fortalecer sus instituciones que brindan productos y servicios al público y cumplir con su función reguladora de precios. Quizá haya bancos que financien el campo, pero sin la presencia de Financiera Rural las tasas de interés serían menos competitivas; o quizá también haya misceláneas en todas las comunidades apartadas del país, pero sin la presencia de Segalmex (antes Diconsa) los precios serían monopólicos.

Las regulaciones cumplen con una función en la sociedad y deben establecerse en un punto medio: que no sean un obstáculo para el crecimiento, pero que, a la vez, abonen a una sociedad más justa y equitativa.
21 Mayo 2019 04:00:00
Tragedia ambiental
La semana pasada, la Ciudad de México vivió algunos de sus peores días de su historia reciente por efectos de la contaminación. Me tocó viajar allá en un par de ocasiones y desde el aire era notoria la caliginosa capa ocultando el horizonte, minutos antes de engullirse al avión en su aproximación a la pista.

Después de haber vivido tantos años en la capital, las contingencias ambientales ya no me sorprendían, pero ahora fue diferente. Nunca, que recuerde, se habían suspendido clases, y menos durante tres días seguidos. La contaminación era tan espesa que se podía oler y sentir. Cortar con un cuchillo, diría un clásico. Y ni qué decir de las afectaciones respiratorias que padeció gran parte de la población, incluidos mis hijos.

Las autoridades se desvivieron en explicaciones: que la gran cantidad de incendios aledaños, que las emisiones irregulares del Popocatépetl, que la ausencia de los vientos tradicionales, que la falta de las lluvias... Sin duda, esta vez fue una alineación de eventos desfavorables, pero el fondo del problema es meramente económico.

No se trata de un tema exclusivo de la capital. Ni siquiera de México. Es un asunto mundial. Padecimos una saturación de partículas en el aire por las razones ocasionales antes expuestas y por las permanentes, como son la altura de la ciudad, su relieve, su condición de valle y los millones de habitantes.

Sostengo que el problema es en esencia económico porque, en tal situación, los mercados fallan en asignar los recursos eficientemente debido a las externalidades negativas generadas por la población cuando recibe beneficios sin asumir los costos de contaminar.

Si un productor de maíz quema su milpa para abonar la tierra, seguramente le irá mejor en la próxima cosecha y ganará más dinero. Se beneficia él afectándonos a todos, y, como no le cuesta, sin duda seguirá haciéndolo.

La contaminación no entiende de fronteras. Por ello, muchos países se niegan a cargar con los costos económicos y políticos que representa implementar medidas anticontaminantes, si sus vecinos no lo hacen. Perciben una ganancia marginal pagando un precio altísimo. Esta es, quizá, una de las razones por las cuales Trump, por su pragmatismo a ultranza, abandonó el Acuerdo de París contra el Cambio Climático.

Lo que se requiere es la actuación sincronizada, articulada e internacional de los gobiernos de todos los niveles para internalizar la externalidad mediante el cobro de impuestos especiales a quienes contaminen, e invertir lo recaudado para mitigar el deterioro ambiental que ocasionan. No olvidemos que el ser humano es racional en lo económico; por tanto, mientras no le pegue en el bolsillo, difícilmente cambiará.
14 Mayo 2019 04:01:00
¡Huevos!
Los mexicanos tenemos fama de envalentonados. Además de lo cálido de la sangre latina que corre por nuestras venas, quizá sea también porque nos ven degustar mucho chile, beber mucho tequila o comer muchos huevos. ¡Y vaya que comemos huevos! México es el principal consumidor de ese producto en el mundo, según datos de la Unión Nacional de Avicultores.

Cada mexicano consume al año la extraordinaria cantidad de 460 huevos aproximadamente, casi 1.3 unidades diarias en promedio. Y es que no nada más los degustamos revueltos, estrellados o en omelette, sino también como ingredientes del pan, la pasta, la mayonesa, los postres y los aderezos, entre muchos otros alimentos.

Estas aves no son originarias de América. Fueron traídas por los españoles a principios del siglo 16. De hecho, aunque parezca lo contrario, la carne de pollo es un subproducto de la producción de huevo.

Hasta mediados del siglo 20 comer pollo era un lujo. Aunque ahora los procesos productivos de la carne de pollo son claramente diferenciados de los del huevo, en principio su mercadeo se habilitó como una opción para sacar provecho de las gallinas ya improductivas.

Y en cuanto al consumo de pollo, tampoco nos quedamos atrás. México ocupa la quinta posición a nivel mundial, equivalente a 33 kilos al año per cápita, cifra muy por encima de la de la carne de res o de cerdo.

Al igual que el resto de los animales de granja y domésticos, las gallinas actuales son un desarrollo del hombre. Siglos de cautiverio, cruzas estratégicas, crianzas selectivas, y los tratamientos hormonales recientes han alterado su genética y hecho más productivas.

De hecho, 98% de los aproximadamente 55 mil millones de pollos que existen en el mundo, incluidos los “orgánicos”, proviene de crías desarrolladas de esa manera por tres empresas norteamericanas.

La demanda y la competencia obligan a una producción masiva que mantiene a las gallinas hacinadas en jaulas diminutas, que abandonan solo para ser sacrificadas. Sin embargo, podemos hacer mucho por dignificarlas y evitarles el sufrimiento.

Aunque más caro por requerir de mayor inversión, espacio y registrar mayores mermas, el “libre pastoreo” permuta el inhumano manejo de las gallinas por ejemplares más felices y menos estresados. Si de veras queremos ser una sociedad responsable, seamos realmente valientes y demos preferencia al huevo y al pollo provenientes de ese esquema. Al final de cuentas, no solo se trata de nutrir nuestro cuerpo, sino también nuestra conciencia.
07 Mayo 2019 03:09:00
El comerciante ambulante
El fracaso es inherente a la especie humana. Hemos surcado los cielos sin tener alas y conquistado los mares sin poseer branquias. Hemos puesto al hombre en la Luna. Hemos derrotado enfermedades otrora mortales, vencido la oscuridad de la noche y doblegado los climas extremos. Sin embargo nos pasan de noche los innumerables descalabros tras cada una de esas historias de éxito.

El fracaso, en cualquier proyecto, siempre será un duro golpe. Si bien la adversidad está continuamente presente, lo relevante es nuestra reacción hacia ella. Meter un huevo, una zanahoria y unos granos de café en una olla con agua hirviendo, pone a prueba su esencia: el huevo terminará endurecido, impenetrable, pétreo; la zanahoria, reblandecida, débil, endeble; pero el café habrá logrado transformar su entorno en algo positivo, aromático y delicioso.

Son muchos los relatos de éxito, precedidos de tropiezos, en la historia de la Humanidad. Thomas Alva Edison erró cientos de ocasiones antes de perfeccionar la bombilla eléctrica, aunque él prefería decir que “no fueron mil intentos fallidos, sino un invento de mil pasos”. Desde emprendedores como Henry Ford o Steve Jobs, hasta genios como Albert Einstein o Stephen Hopkins, todos tienen en común amargos fracasos antes del triunfo.

Hay un caso en especial que siempre me ha llamado la atención, el de Abraham Lincoln. Desde temprana edad tuvo sus primeros reveses. Primero en los negocios y luego como granjero. Se aventuró en la política persiguiendo su vocación e ideales y perdió la elección a la legislatura local. Cuando finalmente consiguió la ansiada curul, perdió la votación para ser el líder (speaker).

Después de superar una profunda depresión, se postuló candidato a diputado al Congreso federal. ¡Volvió a perder! Finalmente ganó, pero ya no pudo reelegirse por oponerse a la invasión norteamericana a México. Luego quiso ser senador y perdió en dos ocasiones; igual le fue en su aspiración para convertirse en vicepresidente. Cuando por fin fue electo presidente de los Estados Unidos, su país se fracturó en una sangrienta guerra civil.

Por fortuna, esta cultura de dar una connotación negativa a los fracasos ya comienza a cambiar. Para los emprendedores en Silicon Valley cada fracaso es otro trofeo en su haber y un estímulo más para seguir luchando.

Igual lo hizo Abraham Lincoln hace más de 150 años. Supo asumir sus derrotas, aprender de ellas y salir fortalecido para, al final, enfrentar la adversidad y transformar su entorno en algo positivo… Como el café con el hervor del agua.

Con su actitud dejó en el mundo una huella imborrable y una gran enseñanza: el fracaso no es para siempre.
30 Abril 2019 03:40:00
Gandallas II
Recibí recientemente, a través de redes sociales, un video sobre el comportamiento de automovilistas alemanes durante una congestión vehicular en su país. En una carretera de dos carriles los conductores se cargan a sus respectivos acotamientos para formar un carril central que permita el paso libre de ambulancias, patrullas y vehículos de emergencia.

Inexorablemente pensé si será posible que los mexicanos podamos llegar algún día a ese nivel de conciencia y civilidad.

Hace poco más de un lustro escribí un artículo titulado Gandallas. En él referí la triste conclusión de la prestigiada firma consultora Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), tras elaborar una peculiar encuesta: el mexicano es gandalla por naturaleza.

Gandalla es una palabra muy mexicana. De hecho, no la consigna la Real Academia Española, aunque sí lo hace El Diccionario de Mexicanismos: “Persona que, de manera artera, se aprovecha de alguien o se apropia de algo”.

Las conclusiones de aquel texto no eran alentadoras. Con base en encuestas locales (como la del GCE) y estudios internacionales, se ha demostrado que lo gandalla está íntimamente ligado a nuestra idiosincrasia y herencia cultural.

Las opciones de muchos mexicanos como consecuencia de nuestros orígenes se han reducido, desgraciadamente, “a fregar o que te frieguen, mientras las naciones en ascenso crecen con la mentalidad de ganar-ganar”, escribí entonces.

El gandallismo es una variante atenuada de corrupción, una forma disfrazada de delincuencia y una manifestación lamentable de nuestra cultura y educación. “En tanto sigamos creyendo que la condición de gandalla está inscrita inevitablemente en nuestro ADN y sigamos actuando en consecuencia, será muy difícil erradicar la percepción internacional negativa sobre nuestra idiosincrasia”, concluía.

Por ello me he quedado gratamente sorprendido del orden que ha imperado recientemente en los principales “cuellos de botella” de las avenidas regias. Un letrero, promovido por la organización notequejes.com, ha sido suficiente para crear conciencia y acabar con el problema. Colocado estratégicamente en el punto neurálgico de agandalle, exhorta contundente: “Haz fila, no seas abusivo”.

Los mexicanos, sin ninguna duda, somos sensibles a los estímulos. El citado ejemplo demuestra cómo una conducta supuestamente tan arraigada, puede corregirse con ingenio y un incentivo adecuado. ¡Sí es posible cambiar, sí podemos ser mejores! Sigamos trabajando en ello.
23 Abril 2019 03:58:00
Milagro en París
Una tragedia para la humanidad fue el incendio que consumió gran parte de la Catedral de Notre Dame en París. Sus techos de estilo gótico y su imponente aguja habían resistido, durante más de 800 años, estoicas invasiones, revoluciones y las dos guerras mundiales. Pero recién acaban de sucumbir entre el crepitar del fuego originado por una imperdonable negligencia.

Grandes son los lazos de unión entre el emblemático templo parisino dedicado a María, la Madre de Jesucristo, y México. Una de sus 37 capillas está dedicada a nuestra Virgen de Guadalupe, mediante una réplica de la imagen del ayate de Juan Diego. ¿Cómo llegó la Patrona de México a ese nicho?

En 1931, frente al Cristo Crucificado que ocupaba ese sitio, Antonieta Rivas Mercado terminó con su vida pegándose un tiro en el corazón. Ella fue una de las mujeres mexicanas más influyentes del siglo 20, e hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado, escultor de uno de los símbolos mexicanos por excelencia: el Ángel de la Independencia.

Antonieta fue una gran promotora de la cultura, las artes y la educación, así como una feminista empedernida. Con José Vasconcelos se relacionó política y emocionalmente. Apostó el patrimonio heredado de su padre en su fallida campaña liberal a la Presidencia de la República.

En quiebra y derrotada, viajó a Francia con su pequeño y único hijo. Allá se entrevistó por última vez con Vasconcelos. Al sentirse utilizada y traicionada por él, escribió una nota póstuma deslindándolo de su muerte, y se disparó con un revólver del que previamente despojó al reconocido escritor, político y filósofo oaxaqueño.

Abundan versiones y relatos sobre la llegada de la Guadalupana a Notre Dame. Las menos verosímiles apuntan hacia una iniciativa del presidente Charles de Gaulle, agradecido de sobrevivir a su lucha contra el cáncer por haberse encomendado a la Virgen de Guadalupe.

Las más viables, por lógica y contexto, afirman tratarse de un obsequio del Gobierno mexicano a manera de disculpa por el trágico suceso; otras sugieren que fue gracias a gestiones de José Vasconcelos, producto de su remordimiento.

Lo importante es que México cuenta con una embajadora permanente en París, junto a nuestras banderas que siempre decoran su altar. Al igual que las reliquias católicas conservadas en la majestuosa Catedral, nuestra Virgen sobrevivió al sorpresivo y espectacular incendio.

Un milagro en París; un aviso de que seguramente la presencia de Nuestra Señora de Guadalupe en Notre Dame seguirá resistiendo incólume el embate del tiempo.
16 Abril 2019 03:18:00
El horror financiero
Recién concluía la licenciatura en Economía cuando, por recomendación de mi padre, leí el libro El Horror Económico, de Viviane Forrester. Su lectura me dejó petrificado. Venía de aprender las teorías económicas más modernas, que condicionan el crecimiento y el desarrollo económico a las inversiones y al progreso tecnológico.

El texto de la escritora francesa se publicó en 1996 y mereció el Premio Médicis de Ensayo. Sus conclusiones eran apocalípticas: el trabajo del ser humano ya no es fuente de riqueza, y el sub y el desempleo seguirán creciendo conforme lo haga la tecnología. Se trata, y es lo peor del caso, de un fenómeno irreversible e inevitable.

La inquina de Forrester hacia el modelo capitalista es notable y su agresividad contra la globalización, profunda, quizá consecuencia de su desesperación e impotencia al haber padecido en carne propia las consecuencias de su propia teoría: su hijo se suicida tras ser despedido como parte de un recorte para mejorar eficiencias.

Los cajeros automáticos o las máquinas expendedoras de golosinas son apenas la punta del iceberg de la profecía “forrestiana”. La automatización, la mecanización, la robotización y la inteligencia artificial en los procesos industriales y comerciales, y los avances tecnológicos en general, hacen cada vez menos indispensable el trabajo humano.

Los conflictos decimonónicos, las guerras de independencia, las revoluciones socialistas, las luchas civiles, todos estos eventos tuvieron como raíz las injusticias causadas por la explotación del hombre por el hombre. Ahora es mucho peor. Al hombre y a la mujer ya no se les explota, se les ignora.

Las masas que se revelaron en el pasado tratan ahora de hacerse visibles buscando el control político mediante una estrategia inversa. Las decisiones, aparentemente irracionales tomadas por las principales potencias del mundo, como Estados Unidos al llevar a Trump a la Presidencia o el Reino Unido al abandonar la Comunidad Europea, son los estertores de una masa relegada que busca demostrar su poder político como última instancia antes de desvanecerse en el ostracismo.

Como escribe el filósofo israelí Yuval Noah Harari en su más reciente texto: “Quizá en el siglo 21 las revueltas populistas se organicen no contra una élite económica que explota a la gente, sino contra una élite económica que ya no la necesita. Esta bien pudiera ser una batalla perdida. Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación”.

Sin embargo, más que una catástrofe, veo una oportunidad: llegar a un acuerdo global, con políticas públicas correctas e incentivos adecuados, para reducir las jornadas laborales y, sin demérito del empleo ni del ingreso, poder dedicar más tiempo a la familia, al esparcimiento y a la búsqueda de la felicidad. Si no, ¿a qué vinimos al mundo?
16 Abril 2019 03:18:00
El horror financiero
Recién concluía la licenciatura en Economía cuando, por recomendación de mi padre, leí el libro El Horror Económico, de Viviane Forrester. Su lectura me dejó petrificado. Venía de aprender las teorías económicas más modernas, que condicionan el crecimiento y el desarrollo económico a las inversiones y al progreso tecnológico.

El texto de la escritora francesa se publicó en 1996 y mereció el Premio Médicis de Ensayo. Sus conclusiones eran apocalípticas: el trabajo del ser humano ya no es fuente de riqueza, y el sub y el desempleo seguirán creciendo conforme lo haga la tecnología. Se trata, y es lo peor del caso, de un fenómeno irreversible e inevitable.

La inquina de Forrester hacia el modelo capitalista es notable y su agresividad contra la globalización, profunda, quizá consecuencia de su desesperación e impotencia al haber padecido en carne propia las consecuencias de su propia teoría: su hijo se suicida tras ser despedido como parte de un recorte para mejorar eficiencias.

Los cajeros automáticos o las máquinas expendedoras de golosinas son apenas la punta del iceberg de la profecía “forrestiana”. La automatización, la mecanización, la robotización y la inteligencia artificial en los procesos industriales y comerciales, y los avances tecnológicos en general, hacen cada vez menos indispensable el trabajo humano.

Los conflictos decimonónicos, las guerras de independencia, las revoluciones socialistas, las luchas civiles, todos estos eventos tuvieron como raíz las injusticias causadas por la explotación del hombre por el hombre. Ahora es mucho peor. Al hombre y a la mujer ya no se les explota, se les ignora.

Las masas que se revelaron en el pasado tratan ahora de hacerse visibles buscando el control político mediante una estrategia inversa. Las decisiones, aparentemente irracionales tomadas por las principales potencias del mundo, como Estados Unidos al llevar a Trump a la Presidencia o el Reino Unido al abandonar la Comunidad Europea, son los estertores de una masa relegada que busca demostrar su poder político como última instancia antes de desvanecerse en el ostracismo.

Como escribe el filósofo israelí Yuval Noah Harari en su más reciente texto: “Quizá en el siglo 21 las revueltas populistas se organicen no contra una élite económica que explota a la gente, sino contra una élite económica que ya no la necesita. Esta bien pudiera ser una batalla perdida. Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación”.

Sin embargo, más que una catástrofe, veo una oportunidad: llegar a un acuerdo global, con políticas públicas correctas e incentivos adecuados, para reducir las jornadas laborales y, sin demérito del empleo ni del ingreso, poder dedicar más tiempo a la familia, al esparcimiento y a la búsqueda de la felicidad. Si no, ¿a qué vinimos al mundo?
09 Abril 2019 03:51:00
100y contando
La semana pasada, Salud Digna realizó un gran evento para celebrar la apertura de su clínica número 100 en el país. El tradicional barrio de Coyoacán de la Ciudad de México fue testigo de tan importante acontecimiento. Pero, ¿qué significa para México y los mexicanos?, ¿qué hay detrás de ese número?

Hay un combate frontal a la pobreza. En México, esta se mide en forma multidimensional, y la falta de acceso a la salud en forma expedita, digna y accesible, es una de las seis carencias que empobrecen a nuestra población.

Nada más en 2018, alrededor de 10.6 millones de mexicanos fueron atendidos en alguna de las 99 clínicas de Salud Digna instaladas hasta entonces, convirtiéndose en la institución privada con mayor afluencia de pacientes. Únicamente la superan dos instituciones públicas: IMSS e ISSSTE.

Hay, asimismo, un cambio de cultura orientada a la prevención. Muchas enfermedades y sus onerosas y fatales consecuencias pueden prevenirse si se detectan y diagnostican a tiempo. Por ejemplo, gracias a lo accesible de las mastografías, 13 de cada 100 incidencias de cáncer de mama hechas en México fueron detectadas en estas clínicas, salvando cientos de vidas.

Y hay, también, la consolidación de un modelo de éxito, pues Salud Digna es la organización que realiza más estudios de densitometría en el mundo, es la principal fuente de anteojos para los mexicanos (está certificada por la FDA para exportarlos a Estados Unidos) y es pionera de las mejores prácticas del papanicolaou.

Los grandes volúmenes de atención y su alianza con socios estratégicos (Roche, General Electric, Fujifilm) permiten a Salud Digna profesionalizar permanente y directamente a sus más de 6 mil empleados, y ofrecer precios que van desde una tercera hasta una décima parte de los encontrados en el mercado, ya que es una organización sin fines de lucro.

Los 53.7 millones de estudios realizados en 2018, los 2.4 millones de ultrasonidos, los 1.1 millones de radiografías o los 1.8 millones de pares de lentes, por citar algunos ejemplos, representan a igual número de mexicanos que recibieron un servicio de calidad de nivel mundial accesible y con tiempos de espera muy cortos.

A la fecha, son incontables las mujeres, niños, hombres y adultos mayores que han beneficiado su salud o que han podido prevenir un mal mayor gracias a este modelo. Salud Digna es un ejemplo y orgullo para todos los mexicanos. Hoy ya son 100… y contando. ¡Felicidades!
02 Abril 2019 03:33:00
Nadie sabe para quién trabaja
Desde su campaña, el presidente Trump escogió a los mexicanos como centro de sus ataques. Condenó, y lo hace aún, la presencia de nuestros paisanos en su país, porque, a su decir, únicamente llevan violencia y arrebatan fuentes de trabajo a sus ciudadanos. Adicionalmente, le incomoda el déficit de su balanza comercial con México.

Por esas razones, Trump propuso fortalecer las fronteras y endurecer las políticas migratorias, y mediante amenazas metaconstitucionales, argucias regulatorias y estrategias fiscales, trató de incentivar el regreso de empresas norteamericanas instaladas en México.

Cuando se dio cuenta de que el déficit comercial con nuestra economía no era nada con respecto al de China, cinco veces mayor y equivalente a dos terceras partes del total, decidió apuntar sus obuses al gigante asiático y declararle una guerra comercial que ya comienza a dejar sentir sus consecuencias en nuestra economía… ¡pero favorablemente!

Después de China, México es el principal proveedor de aparatos electrónicos, maquinaria y equipo, muebles, luminarias y juguetes a Estados Unidos. En el caso de los plásticos, es el tercero, superado únicamente por Canadá.

Las barreras arancelarias impuestas por Trump no sólo han hecho a nuestros productos más atractivos, sino que ahora empresas chinas vienen a instalarse a México para evadirlas. A cambio de traer inversión extranjera productiva, se benefician con nuestros canales de exportación, nuestra ubicación estratégica y nuestra mano de obra competitiva, dispuesta y cada vez mejor preparada.

En 2018, las importaciones de Estados Unidos procedentes de México se incrementaron 10%, el mayor crecimiento en los últimos siete años. Productos de piel, aluminio y acero, fertilizantes, textiles, minerales y vehículos de pasajeros son los principales bienes dejados de comprar a China y adquiridos ahora en México.

Y para mayor tragedia de Trump, sus políticas comerciales, además de beneficiarnos, no han conseguido su objetivo. El déficit comercial estadunidense del año pasado fue el más alto en la última década, y el que mantiene con China, aunque redujo su velocidad de crecimiento, se incrementó 12 por ciento.

Cuando se pretenda limitar por decreto los cauces naturales de los mercados, siempre se abrirán nuevos caminos y se reasignarán fuerzas, fortalezas y equilibrios. En este caso, la ganadora es nuestra economía, de seguro un resultado inesperado para Trump. Definitivo: Nadie sabe para quién trabaja.
26 Marzo 2019 03:31:00
Al batallón de San Patricio
El 17 de marzo, y lamentablemente pocos mexicanos lo saben, se celebra el Día de San Patricio. Es una festividad irlandesa para conmemorar la muerte de su santo patrón y la fundación de su República; es como el equivalente a nuestro Día de la Independencia.

Dada la diáspora irlandesa, se celebra en muchas partes del mundo. Coincidentemente, estuve ese día en Estados Unidos y me sorprendió la gran cantidad de personas portando un sombrero verde, mujeres usando una playera con un trébol o varones vistiendo la elegante falda celta.

¿Y por qué lamento nuestro desinterés por esa fecha? Porque nosotros tenemos una deuda de honor con los irlandeses.

Ante el rechazo de la anexión de Texas a Estados Unidos por parte de México, el ambicioso gobierno del presidente Polk encontró en 1846 la excusa perfecta para invadir nuestra patria y apropiarse de más de la mitad del país. Inventó una invasión a lo que ahora es Brownsville, Texas, en la que murieron un puñado de norteamericanos, y declaró la guerra a nuestra incipiente nación.

Al ser testigos de las violaciones de mujeres y niños, de la matanza de civiles y de lo injusto de la expedición, medio centenar de irlandeses, comandados por el teniente John O’Reilly desertaron del ejército norteamericano para abrazar la causa mexicana. Era, y lo sabían de antemano, una misión suicida dada la superioridad numérica y armamentística del invasor, la desorganización castrense, la inestabilidad política y la inexperiencia de las autoridades mexicanas.

Pero, finalmente, tenían más cosas en común con México: el padecimiento del maltrato racista y xenofóbico, una historia de pobreza y exclusión, la profesión de la religión católica y, sobre todo, la razón.

El regimiento fue bautizado como el Batallón de San Patricio, que engrosó rápido sus filas con otros voluntarios extranjeros. Su certera artillería jugó un rol importante en la defensa de Monterrey, en la Batalla de La Angostura, en el enfrentamiento de Cerro Gordo y en la resistencia del Convento de Churubusco, cuyos sobrevivientes fueron apresados, sentenciados y, días después, ejecutados, justo en el momento en el que nuestros “Niños Héroes” eran masacrados y la bandera de las barras y las estrellas ondeaba en el Castillo de Chapultepec.

Hace unas décadas el nombre del Batallón se inscribió con letras de oro en la Cámara de Diputados, y hay dos monumentos en su honor. Pero podríamos saldar mejor nuestra deuda si cada 17 de marzo también compartiéramos la celebración de San Patricio. Después de todo, nuestro compromiso histórico con ese pueblo debe ser mayor, pues en una de las etapas más desdichadas de México no dudaron ni un instante para ofrendarnos sus vidas.
19 Marzo 2019 03:30:00
¿Y los ‘cerillitos’?
Cuando llegamos a la caja registradora del supermercado es común encontrarnos con una amable persona adulta mayor que vacía nuestro carrito en la cinta transportadora, mientras otro, de igual condición, empaca alegremente la mercancía.

Quizá ya no lo recordemos, pero hace 20 años la dinámica no era así. Quienes realizaban esta labor eran menores de edad que padecían cierto grado de vulnerabilidad al realizar actividades laborales mientras dejaban de lado las actividades educativas y lúdicas a las que todo niño tiene derecho.

Eran conocidos como “cerillitos”.

Claro, es deseable que un menor aprenda a darle valor a las cosas desde temprana edad, pero no abusando de su nobleza e inocencia. Es bueno que adquiera habilidades en algún oficio, pero sin verse orillado a abandonar sus estudios e hipotecar su futuro. Es admirable que contribuya al ingreso familiar, pero deplorable si el costo es su explotación y maltrato.

Aunque se trata de una actividad no clasificada dentro de “las peores formas de trabajo infantil” por la Organización Internacional del Trabajo, como sí lo están la explotación sexual o su utilización en la producción de estupefacientes, eran eminentes los riesgos para los “cerillitos” cuando salían de noche de sus centros laborales, luego de prolongadas jornadas de trabajo.

Por otro lado, dada la inversión de la pirámide poblacional y el aumento en la esperanza de vida, existía una población creciente de adultos mayores en el abandono, sin fuentes de ingresos, muy pocos con pensiones raquíticas y la mayoría sin ni siquiera eso.

Por aquellas épocas tuve la oportunidad, desde la dirección del DIF estatal de Coahuila, de participar en el diseño de una estrategia para resolver esa problemática, que después sería replicada a nivel nacional. Lo primero fue convocar a los representantes de los supermercados y tiendas de autoservicio para sensibilizarlos al respecto. Aceptaron de muy buena gana, y se pactaron acuerdos importantes.

Los niños podrían seguir trabajando como empacadores, siempre y cuando fuera de día y demostraran que iban a clases. Además de las propinas, recibirían paquetes alimenticios sin costo. Para cubrir el horario nocturno, el de mayor afluencia, se reclutarían adultos mayores registrados en padrones de la autoridad, a través de la promoción y la vinculación.

El resto es historia. Y lo mejor de esta estrategia es no haber costado un solo peso al erario. Un programa muy noble, sólidamente enraizado desde entonces, y ejemplo de cómo el ingenio, la voluntad y la pasión pueden generar grandes cambios sociales.


12 Marzo 2019 03:23:00
Crea fama
“Crea fama y échate a dormir”, dice el conocido refrán. Y es que el prestigio puede llegar a tener un valor incalculable. Un médico sin buenos antecedentes difícilmente tendrá pacientes nuevos; un arquitecto sin buen nombre contará con pocos proyectos a desarrollar. Lo mismo aplica para países, economías y monedas.

Estas últimas, aunque autónomas e independientes la mayoría, se contaminan de la buena o mala reputación de sus gobiernos. La imagen del líder permea en toda la organización, sobre todo cuando las instituciones son débiles.

Por ejemplo, difícilmente me animaría a comprar un solo bolívar venezolano como estrategia de inversión, así me lo ofrezcan a precio de ganga. Las decisiones dictatoriales del régimen devaluaron casi 1.7 millones por ciento su moneda el año pasado. Hoy, con un peso mexicano pueden comprarse 12 mil 788 bolívares.

Maduro culpa a Estados Unidos de la profunda crisis que vive su país, pero eso no le impide a Venezuela seguir exportando petróleo hacia nuestro vecino del norte, a pesar de las sanciones impuestas a su petrolera por el Gobierno de Trump, para poder seguir recibiendo valiosos dólares norteamericanos, y no devaluados bolívares.

Cuando el Estado Islámico irrumpió en Siria e Irak, además de los genocidios trató de eliminar todos los símbolos occidentales y culturales presentes, destruyendo desde estatuas y activos arqueológicos, hasta instituciones completas. Pero cuando en los bancos encontraron dólares, en vez de quemar esos símbolos del imperialismo norteamericano no tuvieron empacho en llevárselos y enriquecer sus arcas.

De la misma forma, la Cuba de los Castro siempre señaló al capitalismo yanqui como la causa de todos sus males. El régimen surgido hace seis décadas se diseñó como una antítesis de los valores estadunidenses. Sin embargo, desde entonces la isla recibe con beneplácito los dólares que anualmente llegan por concepto de remesas y turismo, motores de su economía. De hecho, el peso convertible cubano (CUC) está indexado al dólar.

Como sabemos, los billetes son pedazos de papel sin valor intrínseco, sostenidos por la confianza. Y en ese caso, incluso los enemigos y detractores de Estados Unidos, y a pesar de lo heterodoxo del Gobierno de Trump y lo abultado de sus déficits comercial y fiscal, siguen apostando a la divisa verde y a la racionalidad de la Fed, su banco central.

La confianza en el dólar prevalecerá a pesar del esfuerzo de chinos y rusos por fortalecer sus yuanes y rublos, pues está forjada con base en la solidez de las instituciones y no en las ocurrencias de caudillos o dictadores.
05 Marzo 2019 04:00:00
Juárez Reloaded
Primero fue retirado Ignacio Zaragoza. Ahora le toca a Diego y a Frida abandonar su impronta en el billete de 500 pesos. En su lugar, llega el héroe de la Reforma, Benito Juárez. No es la primera vez que el Benemérito aparece en nuestro papel moneda. Debutó hace unas cuatro décadas en los billetes de 50 pesos, aquellos que traían tres ceros de más.

Y en este siglo su adusto rostro volvió a hacer acto de aparición en el de 20 pesos, aún en circulación. Y eso es lo curioso. Aunque dicho instrumento de pago se retirará gradualmente para ser sustituido por una moneda del mismo valor, serán varios años de convivencia en el circulante nacional.

El color de ambos es el mismo, azul. Y aunque el tono tiene una ligera variante, el tamaño es diferente y el material cambió a uno más durable, no somos pocos los que los hemos confundido y dejado una muy jugosa propina que ha hecho brincar de gusto al destinatario.

Aquí la cuestión importante es la causa de estos cambios. La sustitución de un billete por uno de más alta denominación podría interpretarse como una pérdida de poder adquisitivo generado por una inflación elevada. No obstante, este no es necesariamente el caso.

De hecho, los niveles inflacionarios en los últimos 20 años han sido inusualmente bajos, si los comparamos con las tres últimas décadas del siglo pasado. El promedio de incremento en el nivel de precios se acerca bastante al objetivo del banco central: el 4 por ciento.

Aunque baja, la inflación acumulada sí impacta al peso, erosionándolo, lo cual no es malo porque una inflación mesurada es deseable para una economía, pues es síntoma de dinamismo, de una demanda creciente de bienes y servicios, y de una oferta que redobla la marcha para alcanzarla. Pocos lo valoran, pero lo peor que podríamos tener no es una inflación alta, sino una deflación, es decir, una caída permanente en los precios que termina por aniquilar los mercados.

El de 500, alusivo a Juárez, es el primero en salir a escena de la nueva familia de billetes, la cual se caracteriza por tener más candados de seguridad. Le seguirán el de 50 pesos, con motivos de la fundación de Tenochtitlán; el de 100, con la figura de Sor Juana Inés de la Cruz; el de 200, con las efigies de Hidalgo y Morelos; el de 1,000, con Madero, Hermila Galindo y Carmen Serdán, y finalmente el de 2,000, en homenaje a Octavio Paz y Rosario Castellanos.

Bienvenidos los nuevos billetes. Y gracias a Diego y Frida por habernos acompañado todos estos años en nuestros bolsillos.
26 Febrero 2019 04:07:00
Un diamante es para siempre
Cuando escuchamos “¡ya le dieron anillo a...!”, inferimos en automático un compromiso nupcial, sin necesidad de aclarar si hubo de por medio una declaración formal. Y si la sortija fue aceptada por la mujer, lo cual sucede casi siempre, infiere un “¡Sí!” como respuesta. En este caso, la forma no es el fondo, sino está por encima del fondo.

El anillo ofrecido a la dama pretendida no es ordinario. Debe tener engarzada alguna piedra preciosa, típicamente un diamante. ¿De dónde procede esta tradición y qué significa?

Los orígenes del anillo de compromiso se remontan a la prehistoria, con la utilización de lazos de hierbas. Posteriormente, los antiguos egipcios comenzaron a utilizar materiales más duraderos y piedras preciosas, mientras los romanos, a inicios de la era cristiana, ya tenían como tradición entregar anillos de compromiso a su futura familia política.

Los judíos también adoptaron la práctica en sus ceremonias nupciales desde mediados del siglo antepasado, pero fueron los cristianos quienes comenzaron a fabricarlos con su metal favorito: el oro.

El primer registro de un compromiso matrimonial pactado con diamante incrustado en un anillo data de 1477, y fue el de Maximiliano de Austria con María de Borgoña. El mercado creciente de diamantes y una afortunada campaña publicitaria detonaron la industria el siglo pasado.

En cuanto al significado, existen versiones desde simbólicas hasta económicas. Las primeras ponderan las características físicas del diamante, como su pureza y durabilidad, coincidentes con el ideal del matrimonio. De hecho, la palabra “diamante” procede del griego “adamas”, que significa invencible. El anillo va en el dedo anular, por el cual (se dice), la vena amoris conecta con el corazón.

En otro extremo se encuentran razones económicas. Un diamante es carísimo y su precio sube constantemente. A pesar de esto, su demanda no disminuye.

Y esa es precisamente la razón por la que los Romeos ofrecen diamantes a sus Julietas. Al invertir una ingente cantidad para comprar una piedra sin otro uso alterno, envían un mensaje de seriedad en la intención y de pocas probabilidades de arrepentimiento. Realmente los galanes no entregan a la amada una joya, sino una fianza.

No debemos quejarnos, entonces, de los altos precios de los diamantes. Si fueran baratos no cumplirían su función garante y serían sustituidos por otro bien, seguramente menos bello y perdurable, porque, dice el eslogan, solo “un diamante es para siempre”.
19 Febrero 2019 03:33:00
Falacias de la conquista
Cuando de pequeños estudiamos la historia de nuestro país se nos inculcó que las culturas prehispánicas florecían cuando los españoles llegaron y conquistaron México. Dicha idea contiene dos mentiras monumentales que es importante aclarar porque nos hicieron crecer con resabios injustificados y, sumadas a las invasiones francesa y norteamericana, victimizados en el tiempo.

La primera mentira es muy fácil de identificar: en 1519 México no existía. Nuestro país vio la luz como tal tres siglos después, en 1821, con la firma de los Tratados de Córdoba entre Agustín de Iturbide y el virrey Juan O'Donojú, y la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de ese año.

De hecho, México no fue víctima de la Conquista, sino su consecuencia. Lo que había en nuestro continente cuando llegaron los hispanos eran extensas llanuras habitadas por tribus nativas hostiles, sobre todo en el norte, y otras con mayor desarrollo y civilidad, como la azteca, la maya, la zapoteca y la olmeca.

A diferencia de los ingleses protestantes que desembarcaron más al norte y concentraron a los indígenas en reservaciones y promovieron un sistema económico de mercado, los peninsulares católicos se mezclaron con los locales e impusieron un sistema de explotación. Ese mestizaje y esa forma de interacción económica dieron origen a nuestro México, 300 años después de la Conquista.

La segunda mentira no es tan evidente. Cuando hace 500 años Hernán Cortés arribó a lo que hoy es Veracruz, el nombre de España no estaba consignado en ninguna parte. Era entonces la península ibérica, compuesta por reinos independientes como los de Castilla, Aragón, León, Navarra, Sevilla, Toledo o Córdoba, entre muchos otros.

Hernán Cortés era castellano. Pretender asignarle la nacionalidad española equivaldría a convertir en norteamericano a Ignacio Zaragoza por haber nacido en Texas cuando aún pertenecía a México.

A América la descubrió el italiano Cristóbal Colón, auspiciado por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, mejor conocidos como los Reyes Católicos (no de España, que aún no existía), título emitido por el papa Alejandro VI. Precisamente a raíz de ese matrimonio comienza a configurarse la unificación ibérica.

A los mexicanos nadie nos ha conquistado. Nunca. Somos un orgulloso y florido producto del mestizaje y la fusión de dos culturas. Queremos y respetamos a nuestros ancestros: al indio nativo y al europeo barbado, aunque aún haya quienes reniegan de su estirpe. Somos lo mejor de dos mundos.
12 Febrero 2019 03:58:00
¿La `bajada de enero´?
Tradicionalmente, enero es un mes difícil para las familias: la resaca de las fiestas decembrinas se materializa en deudas y cuentas por pagar. A las empresas no les va mejor. Existe una natural caída en el consumo y, por lo tanto, en las ventas. Asimismo, el pago de aguinaldos, las previsiones de pago de impuestos y el reparto de utilidades restringen los flujos en caja.

En general, es un mes caracterizado por una desaceleración cíclica de la economía y presiones inflacionarias por los consumos navideños, provocando desánimo y malestar social que se traducen en la consabida “cuesta de enero”.

Sin embargo, este año empezó diferente. A pesar de la volatilidad de los mercados financieros al cierre de 2018, el incremento en el costo del crédito, los desequilibrios internos propios de un cambio de régimen y los recortes frecuentes que se han hecho sobre las proyecciones de crecimiento de nuestra economía para 2019 y 2020, las percepciones y los datos duros muestran una situación inusualmente favorable:

Comparada con el año anterior, la percepción social sobre el estado actual de la economía subió 43%, mientras las expectativas positivas sobre la situación económica para 2019 crecieron más de 72% con respecto del año pasado.

El Índice de Confianza del Consumidor publicado por el Inegi fue mayor 5% en relación con diciembre. Y si lo comparamos con enero del año pasado, el incremento es de casi 33%, ¡el más grande desde la existencia del Índice y su nivel más alto en el presente siglo!

Esta confianza se ha reflejado en otros indicadores. Por ejemplo, el reporte de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles de unidades nuevas vendidas tiene, por primera vez, una variación positiva en los últimos 19 meses. La cifra es aún inferior a otros ejercicios, pero al menos ya se revirtió la tendencia.

El dato sobre la inflación sorprendió también a propios y extraños, pues la expectativa era muy superior al incremento de 0.09% publicado por el Inegi, mientras el Índice Nacional de Precios al Consumidor fue menor al de 2018 y 2017, consolidando una tendencia a la baja.

Al parecer, la “cuesta” ahora se convirtió en “bajada”. Son buenas noticias, ya que comenzamos el año con el pie derecho. Y claro, podemos seguir por esa ruta; sólo hacen falta el optimismo y el trabajo tesonero de todos los mexicanos.
05 Febrero 2019 03:34:00
Vivir sin frutas ni verduras
Las frutas y verduras son nuestras grandes aliadas. Con pocas calorías, nos proporcionan una gran cantidad de nutrientes y las vitaminas y minerales necesarios para vivir y mantenernos sanos. Además, nutren no sólo nuestro cuerpo, también nuestro lenguaje.

Las utilizamos continuamente en frases de todo tipo: motivacionales, “Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada”; tendenciosas, “A tu amigo pélale el higo, a tu enemigo el durazno”; ilustrativas, “El que es-pera, desespera”; las que riman, “¿Qué te pasa, calabaza?”, hasta descaradas, como aquella atribuida a un político de la vieja guardia que decía “La moral es un árbol que da moras”.

Las frutas y verduras dotan a nuestro lenguaje de connotaciones únicas. Al destacar lo fresa de una amiga o lo mango o mamey de su galán, no es necesaria mayor descripción. Pero ojo, su aplicación es exclusiva del castellano y funciona, específicamente, para los mexicanos. A un conocido, que a la pregunta del vista aduanal de “¿Algo qué declarar?” respondió juguetonamente con un “Naranjas”, le desarmaron la camioneta… ¡Toma chango tu banana!

Al distraído que no entiende porque “está tragando camote” se le vuelve a explicar “con peras y manzanas”. Si de plano le vale “tres pepinos” y sigue en ascuas, o no se le entiende lo que dice por tener una “papa en la boca”, se le manda mejor “a freír espárragos”. Y a manera de defensa, el aludido pudo haber replicado: “¿Y tú vendes piñas en el mercado?”.

Las frutas y verduras juegan también un rol importante en la asignación de apodos. A los pelirrojos suelen referirse como zanahoria; tomate, a quienes exhiben las mejillas sonrojadas, o berenjena, a quienes tienen el cuerpo con esa forma. Otros sobrenombres vegetales van más orientados a la personalidad que al físico, como nopal, al baboso, o cebolla, al maestro que hace llorar a sus alumnos.

Para destacar la veracidad de un hecho se habla “al chile”; a un desgraciado se le llama el “hijo de la guayaba” o se le amenaza con “romperle su mandarina en gajos”. El que carece de dinero “no trae sal ni para el aguacate”, y quien tiene un gran reto debe “parir chayotes” para salvarlo.

Al punto más destacable o inesperado de un tema o evento se le suele llamar “la cereza del pastel”, y al niño se le conmina a dormir o dejar de llorar intimidándolo con un siniestro y aterrorizante personaje, “el coco”. Y ni qué decir de su uso en los albures y la picardía nacional. ¡Es amplísima su contribución! Consumamos pues frutas y verduras, pues no sólo fortalecen nuestro cuerpo, sino también hacen un tanto divertido nuestro léxico.
29 Enero 2019 03:46:00
El ¿museo? de la mafia
Hace poco tuve la oportunidad de visitar uno de los principales destinos turísticos de nuestro vecino del norte. Además de los atractivos propios de la ciudad, me enteré de la novedad: la reciente apertura de un museo ¡dedicado a la mafia! Aunque al principio no me llamó mucho la atención, la curiosidad terminó por vencerme.

Instalado en una elegante casona de tres niveles, se exhiben armas, pertenencias y la historia de los principales capos de la mafia, y se narran con espectacularidad las hazañas del legendario Al Capone, uno de los criminales de mayor renombre de todos los tiempos, desde sus inicios como delincuente común hasta su encumbramiento en el tráfico de alcohol. Llegó a amasar una fortuna de 100 millones de dólares antes de la Gran Depresión del 29.

Como atracción principal, el museo preserva parte del muro baleado en el que el mismo Capone mandó ejecutar a los cabecillas de su banda rival, la de “Bugs” Moran, durante la tristemente célebre Matanza de San Valentín, el 14 de febrero de 1929.

Destacan también los nombres y fotografías de “Lucky” Luciano y de Meyer Lansky, gánsteres que institucionalizaron el crimen en Estados Unidos mediante la creación de La Comisión, órgano rector de la mafia, con un gobierno corporativo eficiente y tomas de decisiones colegiadas.

Además, aparecen las figuras de “Bugsy” Siegel y Frank Costello, como los adalides de las apuestas. Sus lucrativos negocios consolidaron ciudades enteras, como Las Vegas. De no ser por la revolución de Castro, también hubiese sido el caso de La Habana.

“El Chapo” Guzmán ocupa un muro de honor. Ahí se le reconoce como la figura criminal más importante del mundo en los últimos tiempos, y hasta una colorida maqueta exhibe los detalles de su espectacular fuga.

En un oscuro rincón del museo colocaron la fotografía de un policía caído en el cumplimiento de su deber durante una balacera contra esos grupos delictivos. Una sola y modesta mención para una de los miles de personas que han ofrendado sus vidas luchando contra la ilegalidad.

Esto me preocupa. Y más cuando escucho un narcocorrido en la radio, veo una playera con la imagen de “Scarface” o un altar a Jesús Malverde. Nuestra sociedad, nuestros hijos, deben admirar a los buenos. Y eso, depende de todos.

Por ello, dedico este espacio como sentido homenaje a esos héroes anónimos.

Lo contrario es sólo condenable negocio mediante la apología del crimen. Pero “business are business”, justificarán los sobrinos del Tío Sam.
22 Enero 2019 04:00:00
Todo cambia
“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”, dice la letra de la canción Todo Cambia, interpretada magistralmente por Mercedes Sosa. Pero ¿realmente puede cambiar la forma de pensar de la gente?, ¿cambia su ideología?

La ideología, como nos explica Giovanni Sartori, es el conjunto de ideas fundamentales que caracteriza la forma de pensar de una persona o un grupo. Los padres, definitivamente, influyen en la forma de pensar de sus hijos pequeños, pues en casa se instalan los cimientos. Luego, la escuela, los amigos y el trabajo van moldeando la personalidad y el pensamiento de cada individuo.

Pero las ideologías no se escriben sobre piedra. Más bien son adaptables a las circunstancias. Muchos critican esos cambios, como si las leyes sociales fueran inmutables. Claro, una cosa es la conveniencia política y otra la maduración ideológica.

Una persona nacida a principios del siglo pasado en Berlín, y que a mediados del mismo se haya mudado del oeste al este de la capital alemana, tendría que haber vivido, y probablemente apoyado, seis regímenes políticos ideológicamente opuestos:

El Imperio de los Hohenzollern, que terminó junto con la Primera Guerra Mundial y el derrocamiento del káiser Guillermo I; la República de Weimar, destronada por la llegada de Hitler y su Tercer Reich; las repúblicas Democrática (comunista, controlada por los rusos) y la Federal (capitalista, conducida por norteamericanos, ingleses y franceses).

Por si fuera poco, con la caída del Muro de Berlín, Alemania se reunifica bajo una dinámica democrática y de mercado distinta. ¡Seis cambios ideológicos en un solo siglo! Muchos, ¿verdad?

Las ideologías radicales suelen tener mucho apoyo al principio, como ha sido el caso del fascismo y del comunismo. Luego, al paso del tiempo y ante el desencanto de la población, el apoyo popular se va diluyendo. Esta es la razón por la cual las fuerzas políticas sobrevivientes del mundo suelen concentrarse en el centro del espectro ideológico.

“Lo único constante es el cambio”, dijo sabiamente Heráclito hace 2 mil 500 años. Sin las alteraciones genéticas a través de los milenios hubiese sido imposible la evolución del ser humano.

No le temamos al cambio porque sencillamente es imposible evitarlo. A pesar de tanto cambio, o quizá gracias a él, Alemania es hoy una de las principales potencias del mundo. “Al fin y al cabo”, sentenciaría al respecto el literato Eduardo Galeano, “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
15 Enero 2019 04:18:00
Un ‘cochinito’ para nuestros hijos
Hace algunos años, mientras recorría una colonia con la cachucha de candidato a legislador, se acercó una señora en busca de ayuda económica. Le pregunté por su situación, pensando en algún tema de salud o desempleo. Para mi sorpresa, su respuesta fue: “Es que me saqué la lotería”.

En efecto, con unos cuantos cachitos le había pegado “al gordo”. Se pagó unas fastuosas vacaciones y organizó una fiesta de ensueño a su hija quinceañera. Ahora el SAT la estaba requiriendo para cubrir la contribución sobre ese ingreso recibido, y nada más no tenía de dónde.

Nuestra sociedad carece de una verdadera cultura financiera. Recientemente, la CNBV y el Inegi presentaron los resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, parte vital para cerrar el círculo virtuoso de la democratización financiera. Se han logrado grandes avances, pero siguen existiendo importantes áreas de oportunidad.

Veamos algunos números. En los últimos seis años, mientras la población adulta creció 12%, la incluida financieramente creció tres veces más: 37 por ciento. Sin embargo, 32% de los adultos sigue sin tener una sola cuenta bancaria o de ahorro, un crédito o un seguro.

Cada quincena es común ver interminables filas en los cajeros o sucursales bancarias, aun cuando casi todos los pagos se pueden realizar ya con el plástico. Esa obsesión por traer los billetes en la bolsa genera que 90% de las transacciones se realice en efectivo, con los riesgos de seguridad y las afectaciones a la economía que eso conlleva, como es la eliminación del efecto multiplicador del dinero.

Además, reduciendo el circulante de la economía, disminuirían inexorablemente la corrupción, el comercio ilegal y la informalidad.

El Gobierno ha sido gran impulsor de las cuentas bancarias: 6.5 millones de estas se abrieron en los últimos cinco años como condición para recibir apoyos. De ellas, 80% tuvo como titular a una mujer, reduciendo la brecha de género a sólo 3 puntos porcentuales de los 11 que había en 2102.

En cuanto a planeación financiera, los números no son halagüeños: en 2018, 42% de la población gastó más de lo ingresado en cuando menos un mes, y sólo 30% hace comparaciones antes de decidirse por algún producto financiero.

Queda mucho por hacer para lograr una plena democratización financiera. El Gobierno y la academia llevan su parte, pero es tarea de todos. Empecemos por regalarles un “cochinito” a nuestros hijos, llevarlos a abrir su primera cuenta y ponerles el ejemplo del ahorro.
08 Enero 2019 03:54:00
Profecía 2019
Cada inicio de año los economistas somos asediados sobre pronósticos del desempeño de la economía en el mediano plazo. Toda la información generada en este punto es valiosa para la toma de decisiones de los actores económicos, y más en un entorno de incertidumbre y volatilidad como el que afecta actualmente a la economía mundial.

Es imposible conocer de antemano el comportamiento de los mercados. Existen infinidad de variables, actores y factores que pueden influenciarlos, para bien o para mal. Claro, algunos son más preponderantes que otros y, por tanto, debemos observarlos con mayor detenimiento.

Si bien nadie posee la verdad absoluta ni cuenta con una bola de cristal para predecir el futuro, hay circunstancias notables que deben considerarse por su dimensión y alcances. La influyente revista británica The Economist presentó recientemente algunas de ellas. Vale la pena repasarlas:

Por primera vez, los “baby boomers” (nacidos entre 1946 y 1964) serán superados en número por los “millennials”, con fecha de arribo de 1981 a 1996. La mitad de la población mundial estará “on-line”; muchos serán de India, país cuyo PIB superará al de su colonizador, el Reino Unido. Después de años de guerra, Siria será el país con mayor crecimiento el próximo año.

China construirá en su capital, Pekín, el aeropuerto más grande del mundo. Con capacidad para recibir a 100 millones de viajeros, el imponente mega hub será el detonante para convertir al gigante asiático en el principal proveedor y receptor del turismo mundial, además de consolidar su pujante economía.

Pero las ambiciones de China no se quedan dentro del planeta y lanzó ya, a inicios de este 2019, una sonda que aterrizó exitosamente, por primera vez en la historia, en el lado oscuro de la Luna, ese que nunca vemos.

Israel llegará también a nuestro satélite llevando una cápsula del tiempo sobre la historia del pueblo judío, pero a diferencia de los demás, será una misión no financiada por el Gobierno, también por primera ocasión.

El 2019 será el año de la liberación de la mariguana en varios países, como Canadá y algunas partes de Estados Unidos, fenómeno que causará un gran crecimiento y enorme reconfiguración de ese mercado.

Estos serán acontecimientos importantes para 2019, sin ninguna duda. No obstante, habrá muchos otros, quizá de menor envergadura, pero más cercanos, pero los que realmente nos influirán serán los que sucedan a nuestro alrededor, y sobre todo en nuestro interior. Así que ¡mucho ánimo!
01 Enero 2019 04:06:00
Top Ten 2018
Como es habitual, mi colaboración de cierre anual la dedico a hacer una breve descripción de los 10 textos que más me impactaron en el año, esperando que sirva como una modesta recomendación de lectura para estas épocas en que se puede encontrar algo de tiempo libre.

Después de muchos años de desidia, me animé por fin a leer El Mundo de Sofía, del noruego Jostein Gaarder, una novela que va de lo simple a lo complejo, mientras describe con gran tino la historia de las teorías filosóficas en el mundo.

La madrileña Almudena Grandes me dejó como el título de su libro, con El Corazón Helado. Un absorbente entramado familiar de gran riqueza literaria e histórica, incrustado en la Guerra Civil Española y merecedor del Premio José Manuel Lara en 2008. Los mismos argumentos son también válidos para Los Peregrinos, de la regia Sofía Segovia, pero, aunque en la misma época, la historia se desarrolla en el contexto del éxodo prusiano.

El Nobel Richard Thaler, en su texto Nudge, hace una propuesta interesante sobre cómo motivar a las personas a tomar mejores decisiones en su beneficio propio, mientras el economista inglés Tim Harford nos cuenta, con una visión muy peculiar y una metodología impecable, sobre Las Cincuenta Innovaciones que han Cambiado el Mundo.

Pantaleón y las Visitadoras, quienes tienen por misión el avituallamiento sexual de la tropa destacada en la selva del Perú, ofrecen aventuras muy divertidas. A pesar de la heterodoxia del argumento, el Nobel Vargas Llosa nunca pierde elocuencia ni elegancia en la narrativa.

Los amantes de la novela histórica, como yo, encontrarán una obra magistral en Yo, Díaz, de Pedro J. Fernández. Desde el ostracismo de su exilio parisino, el expresidente narra en primera persona y en prosa riquísima los principales momentos de su vida y del Porfiriato.

Yuval Noah Harari va ahora hacia el futuro con su Homo Deus, describiendo cómo el hombre puede alcanzar límites divinos de seguir los avances en el campo de la biotecnología. Un seguimiento natural a su gran texto anterior, Sapiens.

El Pueblo soy Yo, de Enrique Krauze, es una compilación de textos del autor que describe los riesgos actuales de las democracias, derivados de los triunfos nacionalistas y populistas en muchos lugares. Un texto muy pertinente y oportuno.

Ver la serie Un Extraño Enemigo me motivó a desempolvar Regina, 2 de Octubre no se Olvida, de Antonio Velazco Piña. Un gran libro que explica los acontecimientos estudiantiles del 68 desde la óptica espiritual.

No me queda más que desearles a todos un 2019 lleno de salud, éxito y mucha lectura.

04 Diciembre 2018 04:00:00
Saludable simbiosis
Los asuntos públicos debieran ser de relevancia para todos, incluso para los escépticos y los desinteresados, esos que aborrecen todo lo que huela a gobierno, detestan la política y creen que pase lo que pase, sus vidas no se alterarán. ¿Hasta dónde influye el gobierno en nuestras vidas? Veamos…

Hoy sonó temprano mi despertador, importado en virtud de un tratado comercial impulsado por la autoridad económica, y que pagó los impuestos correspondientes en la aduana, propuestos por la autoridad fiscal y aprobados por el Congreso. Después me metí a bañar con agua limpia proporcionada por la autoridad municipal y calentada con gas natural, disponible en casa gracias a la política energética del Gobierno federal.

Para ver las noticias, encendí el televisor, producido por una planta que se instaló en México, confiando en nuestro estado de derecho. Funcionó gracias a la energía eléctrica suministrada por una empresa paraestatal, y gracias a la concesión del Gobierno para poder sintonizar los canales, lo mismo que la estación de radio que escuché al subir al coche, el cual, por cierto, funciona gracias a la gasolina producida por otra empresa paraestatal.

Para llevar a mis hijos a la escuela a atender una agenda educativa dictada por la autoridad en la materia, manejé sobre calles trazadas y pavimentadas por las áreas de infraestructura de los gobiernos, los que también son responsables de instalar semáforos, alumbrado público y señales viales. Lo mismo de construir puentes, ferrocarriles y aeropuertos, de donde despegan aviones controlados por empleados de Gobierno, para evitar accidentes.

Me detuve a comprar unas medicinas en la farmacia, con la confianza de consumir el producto porque fue autorizado por la autoridad sanitaria, y de que la transacción no será fraudulenta, porque cuenta con el respaldo de la autoridad comercial. Y pagué, por cierto, con dinero emitido por la autoridad monetaria.

Regresé a cenar a mi casa con mi esposa. Y sé que es mi casa porque así lo refiere la escritura asentada en un registro administrado por el Gobierno, y sé que es mi esposa porque así lo consigna un acta matrimonial otorgada y validada también por una institución pública.

Al sentarme a la mesa recordé la perenne presencia del Gobierno en ella, al dictar la política agroalimentaria, y al garantizar la sanidad e inocuidad de los alimentos, tanto los producidos en México como los importados.

El Gobierno está siempre presente en nuestras vidas. No podemos vivir ajenos e indiferentes a él. Debemos ver la relación esa relación como una saludable simbiosis de la que ambos salimos ganando y siempre hacer votos para que le vaya bien, porque si le va bien al Gobierno, le va bien a México.
27 Noviembre 2018 04:02:00
EL enigma de los mercados
En tiempos de agitación internacional y volatilidad financiera, como los anticipados para 2019, solemos culpar a los mercados, esos delicados entes abstractos y etéreos que pueden cambiar destinos y destruir economías en un santiamén. Pero, ¿son realmente esas figuras imaginarias las causantes de todos nuestros males?

Por supuesto que no. Los mercados, en general, no son anónimos. Están compuestos por seres racionales con influencia relativa en su respectivo sector. No se tienen que poner de acuerdo, pues con simples acciones y reacciones pueden generar en el agregado un poder avasallador.

Los mercados son inexorables, aun en economías planificadas. Sus leyes son de observancia obligatoria y no se pueden abrogar. Y cuando se pretende suprimirlos por decreto, siempre surgirá un vigoroso mercado negro que reconecte la oferta con la demanda, como en el caso del tráfico de estupefacientes.

Aunque por su relevancia los principales mercados son los financieros, existen infinidad de tipos, muchas veces interrelacionados entre sí. Prácticamente los hay para todo, desde zanahorias hasta vehículos. Son sensibles, y si bien utilizan información real y datos duros para formar juicios de valor y tomar decisiones, también confían en su instinto y no menosprecian las percepciones.

Tienen muy en cuenta las señales enviadas por las autoridades en la materia como lo son, para el caso de los mercados financieros y de tipo de cambio, la monetaria y la fiscal. Y la verdad, es que son bastante predecibles.

Para muchos, los mercados son despiadados y severos. Quizá tengan razón. Pero no dejan de ser la configuración más eficiente para asignar los recursos en las economías. Su función es la de armonizar a compradores y vendedores mediante la determinación de un precio. Ese precio puede ser el de un Picasso, el del frijol, el tipo de cambio o la tasa de interés, que es el precio del dinero.

Son como una gran ola al acercarse a la playa: gran aliada si nos montamos en ella, pero implacable si osamos atravesárnosle. Y son como los amigos: escuchan y están siempre atentos; son honestos y transparentes, y piden el mismo trato; son receptivos a los guiños y las señales; y también son confiables… mientras no nos equivoquemos con ellos.

Los mercados son a la vez caprichosos y volubles, fiables y enigmáticos. No nos queda de otra más que aprender a vivir y convivir con ellos.
20 Noviembre 2018 04:02:00
La Villa Ciudadana
En el fértil terreno de la política crecen con frecuencia los abrojos y las espinas del pragmatismo, que ahuyentan al idealismo y sus causas. Al tratar de generar aportaciones, los académicos y teóricos de las mejores prácticas gubernamentales se topan comúnmente con el monolítico dique de la realidad.

Hace un par de años leí CitizenVille, del californiano Gavin Newsom, un texto con brillantes y útiles ideas para mejorar nuestras ciudades mediante el uso de la tecnología. Sin duda, lectura obligada para quienes aspiren a participar en política.

Newsom pone como referente FarmVille, popular videojuego en redes sociales e inspiración de su libro. FarmVille consiste en interactuar visitando amigos de otras granjas virtuales, hacer regalos y competir en las cosechas. Los jugadores, que se cuentan por decenas de millones, suelen pasan horas y horas para mantener sus granjas, gastando incluso dinero real.

Pero Newsom se pregunta: En lugar de dedicar tanto tiempo y recursos en este pasatiempo, ¿por qué no jugar mejor a cuidar y mejorar nuestro barrio o ciudad? Si la competencia es parte esencial del ser humano, ¡pues motivémosla! Se podrían integrar equipos por colonias o sectores, invitándolos a realizar acciones en favor de la comunidad, y reportándolos en la aplicación CitizenVille, con su respectiva evidencia, para acumular puntos.

Al sector o colonia ganadora se le podría premiar con una plaza con kiosco o una cancha de fútbol rápido, por ejemplo, y al triunfador en lo individual, con efectivo o simbólicamente, como declararlo “Alcalde por un día”.

El demócrata Newsom, exalcalde de San Francisco, destaca un punto fundamental: la gente está dispuesta a pagar por jugar. En vez de tirar el dinero comprando herramientas inexistentes o semillas imaginarias, ¿por qué no invertir, a través del juego, para quitar un graffiti de una pared, reparar una banqueta o tapar un bache?

La Web 1 fue sobre información en una vía. La Web 2 es diferente, es sobre colaboración, interacción, diálogo y redes. Y el problema de los gobiernos del mundo, sostiene Newson, es que se quedaron en la Web 1, en el siglo pasado, mientras todo ha cambiado, y lo peor del caso es su renuencia a cambiar.

La propuesta de Newsom cobra relevancia porque acaba de resultar electo gobernador de California para, cuando menos, los próximos cuatro años. Veamos si a la teoría puede volverla realidad, si puede vencer a la burocracia y si puede aplicar sus ideas vanguardistas. Si lo logra, será el inicio para convertir a Norteamérica en una Villa Ciudadana.
13 Noviembre 2018 04:10:00
Es un mundo pequeño
A los seres racionales nos gusta la paz, no la guerra. A pesar de que Tomas Hobbes describe en sus tratados un estado permanentemente en guerra debido al egoísmo, al dominio de las bajas pasiones y a la perversidad innata del hombre para justificar el establecimiento de la monarquía, la verdad pocos prefieren la violencia, el disturbio.

A primera vista, la historia de la humanidad pareciera una de conflicto eterno, interrumpido ocasionalmente por periodos de paz. Pero después de una revisión minuciosa de fechas y periodos, nos damos cuenta de que la realidad es lo contrario. Quienes escriben la historia han confundido intensidad con frecuencia, sobreestimado los conflictos y minimizado las épocas de paz y prosperidad por considerarlas intrascendentes.

Solemos utilizar equivocadamente la frase “ley de la selva” para referirnos a situaciones anárquicas. ¡Falso!, porque hasta en el reino animal se vive en orden y armonía. Los animales colaboran entre sí, muchos incluso en relación simbiótica. Hasta los predadores respetan las reglas de cortesía, alimentándose de presas viejas o débiles y con pocas probabilidades de sobrevivencia.

La máxima webberiana, esa que otorga al Estado el monopolio legítimo de la violencia, debe utilizarse como amenaza creíble para mantener el orden social y no como política de gobierno.

Pero eso el Presidente de Estados Unidos no lo entiende. Cegado por una desbordada arrogancia y envalentonado por su retórica estridente e irreflexiva, ha abierto hostilidades, literalmente, con todo el mundo. No sólo desató una guerra comercial con China, de consecuencias aún insospechadas, sino también con quienes tradicionalmente eran sus aliados, como la Unión Europea, Japón y Canadá.

Trump se ha peleado con figuras cercanas de su equipo de trabajo y con instituciones de su país. Se ha confrontado agresivamente con medios de comunicación y ha reñido con actores y artistas, incluidos jugadores de la NBA y la NFL.

Con inquina patológica se ha ensañado contra los migrantes. La caravana, procedente de Centroamérica y para muchos orquestada por él mismo con propósitos electorales, ha sido el blanco más reciente de sus dardos envenenados.

Ordenó desplazar soldados a la frontera con México, pero lejos de refrendar su estrategia bélica, ahora el electorado le dio la espalda. Aun así, sigue sin entender: los nuevos legisladores aún no asumen el encargo, y ya les declaró la guerra.

El mundo no quiere peleas ni conflicto. No es el ejemplo que deseamos para nuestros hijos ni la forma de vida a la que aspiramos. Es un mundo pequeño después de todo.
06 Noviembre 2018 04:00:00
La capital del mundo
Además de ser la capital estadunidense, Washington es el centro donde confluyen los organismos multinacionales, algunos creados por los acuerdos de Breton Woods después de la Segunda Guerra Mundial (el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial), y otros por motivos financieros y de integración regional, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

El diseño de la ciudad es impecable. Sus famosos memoriales, geométricamente ubicados, que complementan a una reluciente Casa Blanca, a un majestuoso Capitolio y a una poderosa Suprema Corte de Justicia, son una visita obligada para el turista. Es difícil perderse porque sus calles forman un perfecto emparrillado, sólo vulnerado por estratégicas avenidas diagonales. No hay rascacielos, pues por motivos de seguridad presidencial ningún edificio puede ser más alto que el Obelisco.

Hasta allá acudimos funcionarios de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero (FND) a invitación expresa del Banco Mundial, uno de nuestros fondeadores internacionales. El otro es el BID. Juntos mantienen actualmente líneas de crédito por mil 400 millones de dólares con la FND.

Esta utiliza dichos recursos para ampliar su oferta y colocación crediticia para miles de proyectos generadores de empleo y riqueza en comunidades rurales. No son préstamos a fondo perdido, porque deben pagarse a los acreedores con cierta tasa de interés y en los plazos acordados.

En esta ocasión, el Banco Mundial nos pidió exponer ante representantes de 163 países el programa Expansión de las Finanzas Rurales a través de Intermediarios Financieros, para ellos, uno de los proyectos más exitosos emprendido en Latinoamérica, y para la FND también.

A dos años de su inicio y a la mitad del camino, con este proyecto se han habilitado alrededor de 170 intermediarios financieros, que a su vez han dispersado créditos por más de 5 mil millones de pesos para desarrollar unos 170 mil proyectos, la mayoría en zonas de alta y muy alta marginación. Del total de ellas, 70% corresponde a la zona sur-sureste del país.

El 85% se ha dirigido a emprendedoras rurales, situación afortunada porque empodera a nuestras mujeres en el campo y reduce el índice de cartera vencida, que ronda 1.2% para este programa. La mujeres, debemos reconocerlo, son excelentes pagadoras.

Siempre es grato visitar Washington, por muy breve que sea la vuelta, pero lo es más cuando el motivo es de reconocimiento a nuestro país por un programa creado e implementado por mexicanos para mejorar miles de vidas todos los días.

Por este motivo, un merecido reconocimiento a nuestro equipo de Financiera Nacional de Desarrollo por su entrega y esfuerzo para alcanzar estos logros, y mi súplica encarecida a redoblar el paso. ¡Enhorabuena!
30 Octubre 2018 04:00:00
El Schindler mexicano
Tras el hundimiento de nuestros buques petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro por submarinos alemanes, México abandonó su neutralidad y, mediante decreto presidencial aprobado por el Congreso, finalmente declaró la guerra a las potencias del Eje el 28 de mayo de 1942.

La participación de nuestro país en la conflagración fue más bien pasiva. Se instituyó el servicio militar obligatorio, se fortaleció la presencia militar en lugares estratégicos y se apoyó el abastecimiento de Estados Unidos, tanto en bienes de exportación como en mano de obra, entonces sí muy bienvenida.

Hubo, sin embargo, otras dos acciones adicionales. Una, lucidora y del dominio público: el envío del Escuadrón 201 al combate aéreo en las Filipinas, y otra discreta y menos conocida: la valiente participación de nuestro cuerpo diplomático en la Francia ocupada para salvar miles de vidas.

Enviado como cónsul general a París en 1939 por el presidente Lázaro Cárdenas, Gilberto Bosques Saldívar se transformaría en un héroe discreto que pondría en alto el nombre y la dignidad de México. El primer obstáculo que enfrentó fue el reconocimiento que haría el gobierno francés al de Franco y su declaratoria hostil hacia los refugiados republicanos. Al ser estos reclamados por el fascismo español para juzgarlos y, con toda seguridad, ejecutarlos, Bosques y su equipo echaron a andar la maquinaria consular para expedir visas.

El primer esfuerzo fue exitoso y mil 500 republicanos españoles abordaron el Sinaia con destino a México. Después vendrían el Ipanema, con mil, y el Mexique, mismo buque que trajo un par de años antes a los “Niños de Morelia”, con 2 mil refugiados. Cuando los embarcos fueron suspendidos por la incursión de Francia en la guerra, aún quedaban 200 mil españoles refugiados en territorio galo.

Con la ocupación alemana de Francia las cosas se complicaron aún más: la policía francesa se convirtió en enemiga y la Gestapo rondaba cerca, enviando a los refugiados españoles a campos de trabajos forzados y a los judíos a los campos de exterminio. Extralimitando sus funciones, la legación mexicana instaló el consulado en una cochera en Marsella (incluyendo un centro de fotografía) para agilizar los trámites.

Bosques consiguió y habilitó dos castillos, el de Reynade para varones y el de Montgrand para mujeres y niños, refugiando ahí a más de mil 200 personas. Al ser despojado de esos inmuebles, propuso al presidente Ávila Camacho la ruptura de relaciones con Francia. Este aceptó. Como consecuencia, el ejército alemán confiscó los recursos del consulado y Bosques fue detenido junto a su familia y el resto del cuerpo diplomático.

Tanto valían nuestros valientes compatriotas, que un año después de ser recluidos fueron intercambiados por prisioneros alemanes a razón de 12 de estos por cada mexicano. Nuestra representación diplomática había logrado salvar la vida, mediante la expedición de visas, a más de 40 mil judíos y refugiados.

Gilberto Bosques, exponente del humanismo, generosidad y valentía que nos caracteriza, y considerado el Schindler mexicano, murió a los 102 años.
23 Octubre 2018 04:00:00
La ruta del vino
Larga e interesante ha sido la ruta del vino en nuestro país. Según San Juan, el primer milagro realizado por Jesús de Nazaret fue transformar el agua en vino durante una boda en Caná de Galilea, a la que fue invitado. El vino comenzó a escasear a temprana hora del convite y narra el evangelista que Jesús, a petición de su madre, realizó el prodigio.

Pero esta no es la única referencia en la Biblia. Amén de muchas citas y parábolas relacionadas con viñedos, vides y sarmientos, Lucas y Mateo acuñan una frase del Maestro: “Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores”.

En la Última Cena, Jesús compartió entre sus discípulos una copa de vino, dándole a este hecho un especial significado: la transfiguración del vino en su sangre, el pacto con los hombres, la promesa de su resurrección y de vida eterna. Mateo añade una última frase del Mesías: “Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba de nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre”.

El vino existe desde hace más de 7 mil años. Para los egipcios fue obra del dios Osiris, y para los griegos de Dionisio, conocido como Baco por los romanos. Pero fue tras la proliferación del Nuevo Testamento cuando la producción de vino adquirió el actual cariz místico y enigmático.

Quizá por esta razón, durante siglos se elaboró en monasterios y predios eclesiásticos. En América, según la versión más aceptada, sacerdotes, misioneros y colonos plantaron las primeras vides europeas a finales del siglo 16 en el actual valle de Parras, Coahuila, donde ya proliferaban especies nativas.

Por razones económicas, el Rey español prohibió su producción en la Nueva España, la cual burlaron los frailes jesuitas aduciendo ser indispensable para las celebraciones eucarísticas. Desde entonces, la industria vitivinícola comenzó a desarrollarse en nuestro país, pero a un ritmo muy lento.

Sin embargo, desde hace 20 años y gracias a la globalización, a la mejora del poder adquisitivo y a los cambios de hábitos en México, el consumo de vino se ha incrementado notablemente, a la par de su producción. Encontramos regiones vitivinícolas en plena expansión en Coahuila, Zacatecas, Querétaro, Chihuahua y, por supuesto, Baja California.

En esta última resalta el Valle de Guadalupe, donde decenas de casas productoras no sólo comercializan el fruto de la vid, sino también lo explotan turísticamente, ofreciendo experiencias. Son ejemplos de doble éxito de los que se debe aprender y promover. Además de las rutas del vino, existen las del queso, del tequila, del mezcal y otras. Pero sin duda podemos crear muchas más y convertirlas en rutas del éxito.
16 Octubre 2018 04:00:00
Sembrando Vida
Hace unos días asistí a la Expo Forestal 2018, evento más importante en su género en todo el país y que se lleva a cabo cada dos años. Se realiza en Guadalajara porque ahí se asienta, desde su nacimiento, la Comisión Nacional Forestal (Conafor), organizadora del encuentro.

Suecia es líder y ejemplo mundial en el manejo forestal, razón por la cual fue invitado al evento. Su embajadora en México, Annika Thunborg, lanzó un dato espeluznante: cada 200 días la humanidad consume los recursos generados por el planeta durante un año. Y eso es para los renovables; de los finitos, mejor ni hablar.

Los bosques y las selvas son grandes tesoros que no aquilatamos en su justa dimensión. Evitan la degradación del suelo, facilitan la absorción del agua para recargar los mantos freáticos, son resumideros naturales del carbono, y también son fuente de vida, de biodiversidad y de empleo para un sector importante de la población.

Su devastación se cuenta por millones de hectáreas anuales y es motivo principal del cambio climático y sus desastrosas consecuencias: prolongadas sequías, inundaciones atroces, heladas y lluvias atípicas, calores insoportables, granizadas más destructivas, incendios forestales con mayor frecuencia, plagas altamente resistentes y enfermedades más feroces.

La Conafor, de la mano de otras instituciones públicas y privadas, realiza una importante labor de reforestación, mientras el gobierno electo anuncia un ambicioso plan llamado Sembrando Vida para mitigar los riesgos forestales. Su objetivo es plantar un millón de hectáreas con árboles maderables y frutales, y crear así 400 mil empleos.

Los sueldos anunciados serán atractivos, con un esquema diferenciado para técnicos especializados, a fin de crear “sistemas agroforestales” en ejidos, terrenos comunales y pequeñas propiedades, complementado por un programa de ahorro. Es una propuesta integral que pretende atacar varios flancos: el ecológico, el del empleo, el de la pobreza y el de la inclusión financiera.

Como segundo paso, se deberá organizar y apoyar a los productores para generar proyectos rentables, acercarlos a los mercados y seguir trabajando en la concientización ciudadana. Plantar árboles puede ser un negocio rentable, generador de externalidades positivas, y autosustentable cuando esta actividad supere en cantidad a la de explotación.

Por cierto, mi reconocimiento a los más de 2 mil colaboradores de la Financiera Nacional de Desarrollo que, junto con sus familias, aportaron tiempo y esfuerzo recientemente para plantar 30 mil árboles en 77 localidades del país. ¡Felicidades y todos sigamos sembrando vida!
09 Octubre 2018 04:00:00
La magia de los legos
Cada vez que llevo de paseo a mi familia y se nos atraviesa una juguetería, la inevitable insistencia de mis pequeños hijos termina siempre por convencerme de entrar en ella. Y la razón de su perseverancia no es otra que sentarse durante horas en la sala de los legos, pequeños cuadritos de plástico que permiten dar forma a la imaginación infantil.

Hace años visité la única planta de Lego Group A/S en el continente americano, ubicada en Ciénega de Flores, Nuevo León. Nos recibió un Darth Vader construido por millares de bloques negros y los directivos nos obsequiaron monitos con sus datos personales, a manera de tarjetas de presentación.

Durante el recorrido por las instalaciones fuimos testigos de un alegre ambiente laboral, procesos sofisticados y tecnología de punta, todo envuelto por un halo mágico de misticismo, ese que nos lleva al pasado y despierta al niño que todos llevamos dentro.

Lego es una empresa danesa cuyos orígenes se remontan a una carpintería familiar creada hace exactamente un siglo. Desde entonces se ha ido adaptando a los tiempos y a las circunstancias. Quizá su momento más crítico fue a principios de los 80, cuando venció su patente y entraron al mercado feroces competidores.

La empresa apostó por la inversión en investigación y desarrollo. Tuvo algunos aciertos y dolorosos fracasos, hasta que, finalmente, privilegiaron la modernidad, la apertura y las alianzas estratégicas con empresas como Warner Bros. En 2015, Lego desplazó a Mattel como la empresa lúdica número uno en ventas a nivel mundial.

Independientemente de lo innovador y acertado de su estrategia, y lo afortunado de sus diseños, siempre pensé que debía haber una razón adicional al éxito de la compañía. Que los niños dejen los dispositivos electrónicos y los video-juegos de lado en pos de un juguete tan rudimentario, no es poco mérito.

Y me topé con la respuesta en el libro El Mundo de Sofía, del noruego Jostein Gaarder. A pregunta expresa de “¿por qué el lego es el juguete más genial del mundo?”, el escritor retrocede casi 2 mil 500 años para citar a Demócrito, quien manifestó que todo está construido por piezas pequeñas, indivisibles, eternas e invisibles, a las que llamó átomos.

Estos ladrillos de la Naturaleza se ensamblan para dar forma y vida, y se separan con los cambios y la muerte, listos para volverse a juntar. Esa es la magia y la maravilla de los legos: evocan la esencia constructora del ser humano contenida en la información genética, conectan a nuestros hijos con sus orígenes y estimulan su creatividad e inventiva.

Y todo esto mediante un divertido y entretenido juego que no pasa ni pasará de moda.
02 Octubre 2018 04:09:00
¿Somos supersticiosos?
¿Se considera usted supersticioso? Las supersticiones son creencias irracionales utilizadas para explicar consecuencias de ciertas acciones, fenómenos o relaciones, aunque no resisten la mínima prueba del método científico.

A pesar de que los preceptos de todas las religiones encajan perfectamente en la anterior definición, estas han sido muy hábiles en diferenciar la fe de las supersticiones, al grado que la Real Academia Española las define como las creencias extrañas a la fe religiosa y contrarias a la razón. Bien apunta Isabel Allende: “Las creencias propias se llaman religión, las de los demás, superstición”.

Por considerarlas restos de la idolatría pagana, la Iglesia Católica ha decretado que es una forma de relación con el demonio y ha condenado a quienes creen en ellas.

A pesar de esto, las sociedades occidentales, con una marcada y evidente ascendencia cristiana, son depositarias de una gran tradición supersticiosa. Ya comenzamos a ver calaveras y calabazas, heraldos que anticipan la próxima llegada de las fiestas paganas del Halloween.

Pero no sólo eso. Nos aterra pasar bajo una escalera y se nos eriza la piel si un gato negro cruza nuestro camino. Nunca tomamos el salero de la mano de nuestro comensal y somos especialmente cuidadosos de no quebrar un espejo, por aquello de los siete años de mala suerte. Las novias en su traje no se dejan ver por el novio sino hasta el altar; tampoco dejamos que nos barran los pies, y evitamos abrir un paraguas dentro de la casa.

Quizá el caso más extremo es el número 13, ligado inexorablemente a la mala suerte, sobre todo si cae en martes o viernes (ni te cases ni te embarques). Por esa superstición en los aviones y en los edificios no hay fila ni piso con ese número. Pero, ¿de dónde proviene su ancestral aversión?

Hay varias teorías: 13 fue el número de comensales en la Última Cena, con su consabido desenlace; el Capítulo 13 del Apocalipsis hace referencia al Anticristo; 13 es el número que el Tarot le asigna a la muerte… Pero la más aceptada, o cuando menos la que institucionalizó la inquina al número, proviene de un suceso ocurrido hace 700 años.

Fue un viernes 13 de 1307 cuando el rey Felipe IV de Francia, confabulado con el papa Clemente V, ordenó disolver la poderosa Orden de los Templarios y capturar a sus valientes caballeros por representar una amenaza para la Iglesia. Ya en la hoguera, Jacques de Molay, maestre de la Orden, pronunció una maldición que habría causado la muerte prematura de sus verdugos y la decadencia de la estirpe real.

Aun las personas más racionales y escépticas tienen algo de supersticiosas. Y no está mal que lo seamos, siempre y cuando tengamos claro que únicamente nosotros, nadie más, somos los causantes de nuestro propio destino.
25 Septiembre 2018 04:09:00
Horrores de nuestro idioma
Nuestra lengua, la castellana, es hermosa, rica y abundante. En Don Quijote de la Mancha, la obra insignia de la literatura española y una de las más relevantes de la universal, Miguel de Cervantes utiliza cerca de 23 mil palabras diferentes. Cuatrocientos años después, la Real Academia Española reconoce alrededor de 90 mil, mientras el hispanoparlante promedio utiliza no más de unas 3 mil cotidianamente. Y peor aún, dentro de ese raquítico vocabulario nos encontramos con un sin fin de aberrantes desviaciones gramaticales y sintácticas. Es común escuchar pleonasmos como “súbete pa’rriba” o “salte pa’fuera”, o los redundantes “mas sin embargo” o “ambos dos”.

Incluso, libros debidamente editados verbalizan en plural un sujeto individual sólo porque este representa a dos o más: “la mayoría habían” o “el grupo de perros obedecen”, u olvidan un axioma básico en lógica (dos negaciones resultan en una afirmación) y dicen “no vino nadie” (aunque esta última ha terminado por aceptarse).

También utilizamos palabras incorrectamente. Aire, por ejemplo, es nuestro elemento, y viento, la corriente que produce al desplazarse. Por lo tanto, decir “hace mucho aire” es incorrecto, igual que “hace mucho tráfico”, porque los coches transitan, no trafican.

Y es habitual escuchar palabras inexistentes, como “emprendedurismo” o “gasolinería”. O utilizar palabras en singular que hacen referencia a un conjunto: “fulano es una gente de bien”, o agregar una “s” al final a palabras que en su significado ya llevan implícito el plural: “diversas problemáticas”, “los dineros del pueblo” o “exhibiendo a las gentes sus calvas indecentes”: Ana Belén y Víctor Manuel al cantar La Puerta de Alcalá.

Y de cantantes que han abonado a la adulteración de nuestro bello lenguaje, resulta una joya la interpretación de Ana Torroja, de Mecano, en la canción La Fuerza del Destino, cuando le reprocha el haberle pedido un beso y “tú contestastes que no”.

Además, tenemos palabras que, aunque correctas, carecen de lógica. Las “quesadillas” no siempre llevan queso y las “empanadas” no son de pan, por mencionar ejemplos. Y los “vasos de agua” o las “tazas de café”, que no son de agua ni de café, sino de vidrio y de cerámica. Y ni qué decir de los anglicismos “troca”, “apárcate” o “púchale”, o de la nefasta degradación del léxico en las redes sociales.

La riqueza de nuestro idioma radica en su variedad. Podrán existir decenas de sinónimos para un mismo concepto, pero ninguno es idéntico. Todos tienen una connotación diferente. Como bien apunta Miguel Sosa: “Si reducimos nuestro vocabulario se empobrece nuestro pensamiento”.

Esforcémonos por conocerlo y cuidarlo. Hacerlo está al alcance de todos.
18 Septiembre 2018 04:09:00
¿Es siempre buena la competencia?
La libre competencia es el mantra de la economía neoclásica. La caída del Muro de Berlín desmoronó también las teorías intervencionistas del Estado en la economía. El capitalismo ha demostrado ser el sistema más eficiente en términos de ganancias y asignación de recursos, pero no es perfecto. De hecho, dista mucho de serlo.

La competencia es el acicate que obliga a la creatividad, a la responsabilidad, al esfuerzo y a la mejora continua. Los mercados competitivos regularmente derraman beneficios en muchos más lugares de los evidentes y generan externalidades positivas en varios sectores de la sociedad, incluso en otros países.

Un ejemplo emblemático es la empresa Airbus, producto de una política industrial europea diseñada tanto para fortalecer la cooperación y el progreso tecnológico de Europa como para inyectarle una fuerte dosis de competencia al mercado de la aviación civil, dominado principalmente por el gigante norteamericano Boeing.

A dos décadas de su consolidación, el proyecto ha cumplido con creces sus objetivos. Aunque el centro de ensamble se localiza en Toulouse, Francia, cuenta con 16 instalaciones más ubicadas en España, Alemania y Reino Unido, dando empleo a más de 63 mil especialistas y un gran impulso a la transferencia tecnológica y humana en Europa.

Adicionalmente, y más importante, Airbus ha beneficiado indirectamente a todos quienes utilizan o han utilizado el avión como medio de transporte en el mundo, pues al incursionar en el mercado de la producción de aviones obligó a reducir el precio de las aeronaves, lo cual finalmente se traduce en pasajes aéreos más baratos para todos.

Entonces, ¿es siempre buena la competencia? La respuesta es “No”. Imaginemos por un momento que pudiéramos escoger entre 100 empresas de distribución de energía eléctrica o servicio de telefonía fija para nuestros hogares. Habría tantos cables tendidos que viviríamos en la penumbra, y, además, representaría una gran pérdida de eficiencia por la multiplicación de costos.

En estos casos, como en los ferrocarriles, el transporte urbano y tantos otros, lo más sano es admitir la existencia de un monopolio natural y darle un tratamiento especial. Es vital la intervención responsable del Estado para separar la infraestructura del servicio, y así promover una competencia justa. La competencia en el mercado debe sustituirse por la competencia por el mercado.

Es cierto, la competencia no siempre es buena, pero la mayoría de las veces, sí que lo es.
11 Septiembre 2018 04:09:00
Hasta que la muerte nos separe
Para nadie es una novedad el incremento desproporcionado de los divorcios en las últimas décadas. Los números alarman. En México concluimos el siglo 20 con un crecimiento exponencial, y en lo que va de este, según el Inegi, se le suma al índice casi 140 por ciento.

Es un fenómeno mundial, no privativo de nuestro país. Sus estragos son evidentes y lamentables: niños traumatizados e infelices, jóvenes rebeldes y desorientados, adultos que fracasan y repiten el patrón, generando un círculo vicioso que corroe las entrañas mismas de la sociedad.

Según estudios publicados, las principales causas apuntan a fallas en la comunicación de las parejas, problemas de drogadicción y alcoholismo, situaciones de violencia intrafamiliar, el desgaste de la rutina o la asfixia del aburrimiento.

Factores influyentes, sin duda, pero los siglos precedentes no estuvieron exentos de ellos. Entonces, ¿a qué se debe el reciente alud de divorcios?

Algunos culparán a la proliferación de las redes sociales, por su relativa novedad y sus características de todos conocidas; otros, a la pérdida de valores y a la instauración del hedonismo como filosofía de vida. Claro, todo eso influye, pero sólo explica en una fracción lo despiadado del crecimiento.

Una de las principales causas del fenómeno ha sido, paradójicamente, el incremento en la esperanza de vida de la población. Aunque parezca increíble, la pacificación del mundo y los avances médicos están poniendo en riesgo, sin quererlo, la cohesión social. Durante el siglo pasado la esperanza de vida casi se duplicó, pasando de 40 a más de 70 años.

Nuestros ancestros diseñaron la institución del matrimonio, en sus vertientes civil y religiosa, en condiciones y con expectativas muy diferentes a las actuales. Al sellar el vínculo con la frase “hasta que la muerte los separe”, se presagiaba que lo más probable era que eso sucedería en las próximas dos décadas. A partir de ahí, al cónyuge sobreviviente le quedaban aún años de añoranza, de recuerdo... y de libertad.

Para los matrimonios actuales la probabilidad de permanecer juntos medio siglo o más, es alta. Y no sólo eso: autores como Yuval Noah Harari advierten una esperanza de vida mucho mayor para finales del presente siglo.

Soy un entusiasta creyente del matrimonio como sostén básico de la familia y de la sociedad. Para cualquier pareja el reto es grande, mucho más grande que antes. Ahora, un matrimonio exitoso es un trabajo de equipo, en el que la prudencia, la tolerancia, la lealtad y la confianza son los ingredientes alquímicos básicos para alcanzar las tan anheladas bodas de oro.

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