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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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21 Enero 2021 04:08:00
Tragedia tras tragedia
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Cuando los inquisidores del GansOficio enfilan sus baterías de descalificaciones e insultos contra todo aquel que ose cuestionar a su gran mesías, invariablemente lo que encontraremos es la carencia de argumentos. No, el ejército de chairobots se agota en los insultos. No tienen, y no les pagan, para más.

Pero esto es solo una cuestión de forma. El fondo es lo verdaderamente trágico: que el gran y único conductor de la 4T se esté convirtiendo, cada día un poco más, en todo aquello que juró destruir. Es que tiene prisa, dice, y eso lo justifica todo.

Esto es especialmente trágico por nuestra historia reciente. El PAN siempre fue una gran oposición; significó en momentos importantes, un contrapeso y una visión crítica del quehacer público, hasta que accedió al poder en el 2000 y entonces el blanquiazul, de gran oposición, se transformó en un pésimo Gobierno.

Y qué decir del “nuevo PRI”, donde los gobernantes, además de ineptos, exploraron los límites mismos de la corrupción. Este PRI saqueó con descaro a la nación y con ello allanó el camino para que Morena arrasara en las urnas.

Ese nuevo PRI logró, con sus excesos, torpezas y desbordada corrupción, que el pueblo mexicano se volcara a abrazar la esperanza que representó el liderazgo de Andrés Manuel.

Hoy, dos años después, el que maneja a voluntad los hilos de la 4T, el que restauró la “presidencia imperial”, el que decide qué es correcto y qué no; qué instituciones son buenas y cuáles malas; el que decide todos los días en las mañaneras, cuál será el rumbo del país, al menos durante 24 horas, deja en claro que solo gobierna para el pueblo bueno y sabio, y que él, y solo él, decide qué o quiénes son ese pueblo. El resto de México simplemente no existe.

Ojalá que su ejército de incondicionales entendiera, por obra divina, ya que deberemos descartar en principio que lo hagan racionalmente, que en nada lo ayudan, y mucho menos al país, al apoyar y aplaudir cada una de sus ocurrencias. Deberían entender que sobre él y sobre todos, debe estar el país.

Entonces, en las formas y el fondo, México sigue prolongando su gran tragedia, el explorar todas las variantes posibles de lo que significa un gobernante con afanes dictatoriales… y lo más terrible es que no existe hoy ninguna fuerza o liderazgo que represente, siquiera, una esperanza.

Dicen que el poder enloquece y que el poder absoluto enloquece absolutamente. Y nuestros gobernantes, todos, le otorgan el estatus de gran verdad al dicho.
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